Casi pese a sí mismo, sus pequeños demonios, sus cabreos y aspavientos en carrera frente a la cámara de televisión, Remco Evenepoel volvió a llevarse la Clásica de San Sebastián. Y van cuatro. Rompe así el viejo récord de los años 80 del pasado siglo, el de las tres victorias de Marino Lejarreta en 1981, 1982 y 1987. El belga, segundo en el pasado Tour, pinchó en Hondarribia, apenas a cinco kilómetros del inicio de la subida a Erlaitz, se mosqueó con los jueces que no le dejaron rodar tras el coche de su equipo y entre estresado y ofuscado arrancó la importante ascensión con pinta de perdedor. La cabeza de carrera le llevaba entonces 36 segundos. Tres kilómetros y medio después, porcentajes medios del 10%, rampas pegajosas, Evenepoel seguía a 36 segundos preguntándose, quizá, porque nadie había asumido el placer de descolgarle definitivamente. Ni Richard Carapaz, ni el UAE y solo un poco Giulio Ciccone, vencedor en 2025, supieron aprovechar el regalo de ver al máximo favorito en la lona.Seguir leyendo
El pelotón permitió al belga regresar tras un inoportuno pinchazo y este destrozó al grupo en la última ascensión, con Carapaz como testigo privilegiado
Casi pese a sí mismo, sus pequeños demonios, sus cabreos y aspavientos en carrera frente a la cámara de televisión, Remco Evenepoel volvió a llevarse la Clásica de San Sebastián. Y van cuatro. Rompe así el viejo récord de los años 80 del pasado siglo, el de las tres victorias de Marino Lejarreta en 1981, 1982 y 1987. El belga, segundo en el pasado Tour, pinchó en Hondarribia, apenas a cinco kilómetros del inicio de la subida a Erlaitz, se mosqueó con los jueces que no le dejaron rodar tras el coche de su equipo y entre estresado y ofuscado arrancó la importante ascensión con pinta de perdedor. La cabeza de carrera le llevaba entonces 36 segundos. Tres kilómetros y medio después, porcentajes medios del 10%, rampas pegajosas, Evenepoel seguía a 36 segundos preguntándose, quizá, porque nadie había asumido el placer de descolgarle definitivamente. Ni Richard Carapaz, ni el UAE y solo un poco Giulio Ciccone, vencedor en 2025, supieron aprovechar el regalo de ver al máximo favorito en la lona.Antes, en la primera recta del alto, el belga adelantó sin miramientos a Mikel Landa: dos caminos separados para siempre. Landa vuelve a casa y lo anuncia por supuesto el día de la Clásica: el año que viene correrá en el Equipo Euskadi, el mismo que le vio saltar al profesionalismo. Y en las carreteras vascas coincide con Evenepoel, el que le quiso para él en el Soudal en 2024, para arroparle en los puertos del Tour y el mismo que un año después se marchó al Red Bull Bora para mudar de piel, perder casi cuatro kilos y soportar al fin los puertos más tremendos. Landa se quedó entonces solo en Bélgica, volvió a sufrir la enésima caída en su carrera y decidió que la mejor manera de rendir tributo al landismo era volver a vestir de naranja.Fue acabar con las rampas más duras, encarar el largo falso llano que conduce al descenso hacia Oiartzun, y Evenepoel regresó de su paréntesis. En un terreno ideal para una fuerza como la suya, recortó a la mitad la diferencia, apretó aún más en los repechos que jalonan el descenso y camino de Donosti ya formaba parte del pelotón de una treintena de corredores dispuestos a zanjar la jornada en explosiva y breve ascensión de Murgil.En el País Vasco, la Clásica siempre se ha vivido como una prolongación del Tour. Basta observar el palmarés de la prueba: Indurain, Bugno, Chiapucci, Theunisse, Armstrong, Jalabert, Alaphilippe, Valverde, etc. La cita se ha adaptado a los veloces tiempos que corren. Si Marino podía abrir diferencias en los 80 en el alto de Jaizkibel, hoy este se escala con plato grande, en pelotón y a velocidades inenarrables. La inclusión de Erlaitz y Murgil vino a mejorar la cita, dándole un toque de clásica de las Ardenas mezclada con montaña local. Evenepoel no tuvo que atacar: toqueteó la pantalla de su computadora, levantó el culo del sillín y se marchó con una garrapata de apellido Carapaz en su chepa. El ecuatoriano fantástico de la última semana del T
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