La vida es una metáfora del Tour, y los dioses, unos caprichosos que disfrutan frustrando a los pobres humanos, jugando con sus deseos. Solo el Zeus que hace sufrir a Ulises su regreso a Ítaca, y su dolor, (o el Homero que lo relata) podría haber dispuesto una manera tan poéticamente trágica, ineluctable, y la sangre del caído, para marcar el fin en el Tour de Francia de un danés que ha marcado una época y la irrupción de unos jóvenes salvajes, ambiciosos e impacientes, Seixas, Remco, Ayuso, Lipowitz, Del Toro, que pugnan entre ellos esperando que algún día se agote el fuego que anima a Pogacar intocable, furioso a veces, dulce otras, impulsivo y caprichoso, y líder del Tour con cinco minutos de ventaja del segundo, que por primera vez desde 2021 no se llama Jonas Vingegaard.Seguir leyendo
Pogacar trabaja en la última subida para aupar a Del Toro al podio y arrebatarle el ‘maillot’ blanco a Seixas
La vida es una metáfora del Tour, y los dioses, unos caprichosos que disfrutan frustrando a los pobres humanos, jugando con sus deseos. Solo el Zeus que hace sufrir a Ulises su regreso a Ítaca, y su dolor, (o el Homero que lo relata) podría haber dispuesto una manera tan poéticamente trágica, ineluctable, y la sangre del caído, para marcar el fin en el Tour de Francia de un danés que ha marcado una época y la irrupción de unos jóvenes salvajes, ambiciosos e impacientes, Seixas, Remco, Ayuso, Lipowitz, Del Toro, que pugnan entre ellos esperando que algún día se agote el fuego que anima a Pogacar intocable, furioso a veces, dulce otras, impulsivo y caprichoso, y líder del Tour con cinco minutos de ventaja del segundo, que por primera vez desde 2021 no se llama Jonas Vingegaard.“Sin Jonas, el Tour no será lo mismo”, dice Pogacar, que en la subida final al durísimo Plateau de Solaison —un horno vertical de 11 kilómetros encajonado entre rocas asombrosas en el corazón de los Alpes y una pradera inmensa, silencio puro en verano y cabañas de pastores en la cima— toma partido en la lucha por su sucesión destrozando a todos los que puede para ayudar a su amigo mexicano Del Toro. Se hunden poco a poco Ayuso, Lipowitz y hasta Seixas espléndido, pero (Pogacar no es aún el maestro del destino de los demás) resiste Remco, que a 500 metros de la meta remonta el ataque temprano y dubitativo de Del Toro y, bajo la mirada curiosa de Pogacar, más espectador que ha apostado por un caballo en el hipódromo que actor ya, consigue a los 26 años su primera victoria en una etapa en línea del Tour después de haberse impuesto en dos contrarrelojes en 2024 y 2025 y haber subido al podio en 2024. Buen perdedor, Pogacar no intenta robarle la alegría inmensa a Evenepoel. “¿Qué más puedo pedir que ganar una etapa delante del mejor corredor de la historia?”, dice Evenepoel, que es belga, como Eddy Merckx, y cuando se da cuenta de lo que añade, matiza: “Bueno, uno de los mejores de la historia junto a Eddy, claro, pero contra Merckx yo nunca he corrido…”. Segundo en la general también, a cinco minutos justos de Pogacar, Evenepoel añade: “Y delante del que será el mejor en el futuro, Del Toro”. El mexicano está entero pese a que ha caído en una rotonda criminal llegando a Bonneville, una articulación de esas que sirven más de chicane para ralentizar el tráfico que de reguladoras de cruces, con altos bordillos y estrecheces. Ha caído en blando, sobre otros ciclistas, mayormente del Visma, el equipo que marcaba el ritmo de caza a los fugitivos en el valle matador que seguía la dura ascensión al Salève y precedía la subida final. Uno de ellos es Vingegaard, cuyos huesos crujen y su clavícula derecha se ha fracturado.En el Tour solo quedan Pogacar y sus hermanos pequeños. Quedan Remco, que puede que gane el martes la contrarreloj y asegure la segunda plaza, y Del Toro, el hermano amado. Ayuso sufrió y perdió en la s
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