El deterioro sostenido del mercado laboral volvió a poner en discusión los costos y las condiciones que enfrentan diversos sectores productivos del país. La preocupación aumentó luego de que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informara que la tasa de desempleo alcanzó un 9,4%, su nivel más alto desde junio de 2021, período marcado por los efectos de la pandemia.
La cifra confirmó una desaceleración en la generación de nuevos puestos de trabajo y encendió las alertas sobre la calidad del empleo disponible. El desempleo completó 41 meses consecutivos sobre el 8%, mientras especialistas advierten que la creación de ocupación se ha concentrado principalmente en trabajos informales, con retrocesos en el empleo formal y asalariado del sector privado.
El escenario llevó a distintos expertos a calificar la situación como una crisis laboral. El economista y director del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales UC, David Bravo, señaló que el país enfrenta una emergencia en materia de empleo debido a la persistencia de los indicadores negativos.
El debate también se desarrolla en medio de la aplicación de reformas que implican nuevos desafíos para las empresas. Entre ellas se encuentran el incremento gradual de la cotización previsional y la reducción progresiva de la jornada laboral, que actualmente llegó a 42 horas semanales y deberá alcanzar las 40 horas en los próximos años.
Frente a este panorama, el Gobierno analiza propuestas destinadas a impulsar la recuperación del empleo. Una de las alternativas planteadas por la Mesa de Reactivación Laboral busca flexibilizar la forma de calcular la jornada de 40 horas, permitiendo períodos más amplios para promediar la distribución del tiempo trabajado.
La medida surge luego de que distintos sectores productivos manifestaran dificultades para adaptar sus operaciones al nuevo esquema. Los gremios sostienen que, si bien la reducción de horas ha sido valorada por los trabajadores, la productividad no ha aumentado al mismo ritmo que los costos laborales.
Estudios sobre la implementación de la nueva jornada muestran una percepción favorable entre los empleados. Según datos de Laborum, un 76% de los trabajadores afirma que la disminución de horas ha mejorado su vida personal y más de la mitad declara sentirse más productivo con jornadas más reducidas.
Sin embargo, las empresas plantean que existen dificultades en rubros con alta demanda de mano de obra, turnos extendidos o períodos específicos de mayor actividad. El principal cuestionamiento apunta a las restricciones actuales para distribuir las horas de trabajo según las necesidades productivas.
La normativa vigente establece que el promedio de jornada debe calcularse en un período de cuatro semanas, un plazo que, según análisis presentados en la Mesa de Reactivación Laboral, resulta más limitado que el aplicado en diversas economías de la OCDE.
Experiencias internacionales como las de Francia, Portugal, Alemania, Países Bajos y Suecia son mencionadas en el debate debido a que combinaron reducciones de jornada con mayores espacios de flexibilidad laboral mediante períodos de cálculo más extensos y acuerdos colectivos.
Los impulsores de ajustes sostienen que ampliar los mecanismos de distribución horaria permitiría enfrentar de mejor manera los ciclos productivos y reducir presiones sobre la contratación. En tanto, la discusión continuará centrada en cómo equilibrar una mejor calidad de vida para los trabajadores con la capacidad de adaptación y generación de empleo de las empresas. (NP-ChatGPT-Emol)
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El deterioro sostenido del mercado laboral volvió a poner en discusión los costos y las condiciones que enfrentan diversos sectores productivos del país. La preocupación aumentó luego de que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informara que la tasa de desempleo alcanzó un 9,4%, su nivel más alto desde junio de 2021, período marcado por los efectos de la pandemia. La cifra confirmó una desaceleración en la generación de nuevos puestos de trabajo y encendió las alertas sobre la calidad del empleo disponible. El desempleo completó 41 meses consecutivos sobre el 8%, mientras especialistas advierten que la creación de ocupación se ha concentrado principalmente en trabajos informales, con retrocesos en el empleo formal y asalariado del sector privado. El escenario llevó a distintos expertos a calificar la situación como una crisis laboral. El economista y director del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales UC, David Bravo, señaló que el país enfrenta una emergencia en materia de empleo debido a la persistencia de los indicadores negativos. El debate también se desarrolla en medio de la aplicación de reformas que implican nuevos desafíos para las empresas. Entre ellas se encuentran el incremento gradual de la cotización previsional y la reducción progresiva de la jornada laboral, que actualmente llegó a 42 horas semanales y deberá alcanzar las 40 horas en los próximos años. Frente a este panorama, el Gobierno analiza propuestas destinadas a impulsar la recuperación del empleo. Una de las alternativas planteadas por la Mesa de Reactivación Laboral busca flexibilizar la forma de calcular la jornada de 40 horas, permitiendo períodos más amplios para promediar la distribución del tiempo trabajado. La medida surge luego de que distintos sectores productivos manifestaran dificultades para adaptar sus operaciones al nuevo esquema. Los gremios sostienen que, si bien la reducción de horas ha sido valorada por los trabajadores, la productividad no ha aumentado al mismo ritmo que los costos laborales. Estudios sobre la implementación de la nueva jornada muestran una percepción favorable entre los empleados. Según datos de Laborum, un 76% de los trabajadores afirma que la disminución de horas ha mejorado su vida personal y más de la mitad declara sentirse más productivo con jornadas más reducidas. Sin embargo, las empresas plantean que existen dificultades en rubros con alta demanda de mano de obra, turnos extendidos o períodos específicos de mayor actividad. El principal cuestionamiento apunta a las restricciones actuales para distribuir las horas de trabajo según las necesidades productivas. La normativa vigente establece que el promedio de jornada debe calcularse en un período de cuatro semanas, un plazo que, según análisis presentados en la Mesa de Reactivación Laboral, resulta más limitado que el aplicado en diversas economías de la OCDE. Experiencias internacionales
El deterioro sostenido del mercado laboral volvió a poner en discusión los costos y las condiciones que enfrentan diversos sectores productivos del país. La preocupación aumentó luego de que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informara que la tasa de desempleo alcanzó un 9,4%, su nivel más alto desde junio de 2021, período marcado por La entrada Desempleo reabre debate por costos laborales, 40 horas y flexibilidad de la jornada en Chile se publicó primero en Nuevo Poder.
El deterioro sostenido del mercado laboral volvió a poner en discusión los costos y las condiciones que enfrentan diversos sectores productivos del país. La preocupación aumentó luego de que el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) informara que la tasa de desempleo alcanzó un 9,4%, su nivel más alto desde junio de 2021, período marcado por los efectos de la pandemia.La cifra confirmó una desaceleración en la generación de nuevos puestos de trabajo y encendió las alertas sobre la calidad del empleo disponible. El desempleo completó 41 meses consecutivos sobre el 8%, mientras especialistas advierten que la creación de ocupación se ha concentrado principalmente en trabajos informales, con retrocesos en el empleo formal y asalariado del sector privado.El escenario llevó a distintos expertos a calificar la situación como una crisis laboral. El economista y director del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales UC, David Bravo, señaló que el país enfrenta una emergencia en materia de empleo debido a la persistencia de los indicadores negativos.El debate también se desarrolla en medio de la aplicación de reformas que implican nuevos desafíos para las empresas. Entre ellas se encuentran el incremento gradual de la cotización previsional y la reducción progresiva de la jornada laboral, que actualmente llegó a 42 horas semanales y deberá alcanzar las 40 horas en los próximos años.Frente a este panorama, el Gobierno analiza propuestas destinadas a impulsar la recuperación del empleo. Una de las alternativas planteadas por la Mesa de Reactivación Laboral busca flexibilizar la forma de calcular la jornada de 40 horas, permitiendo períodos más amplios para promediar la distribución del tiempo trabajado.La medida surge luego de que distintos sectores productivos manifestaran dificultades para adaptar sus operaciones al nuevo esquema. Los gremios sostienen que, si bien la reducción de horas ha sido valorada por los trabajadores, la productividad no ha aumentado al mismo ritmo que los costos laborales.Estudios sobre la implementación de la nueva jornada muestran una percepción favorable entre los empleados. Según datos de Laborum, un 76% de los trabajadores afirma que la disminución de horas ha mejorado su vida personal y más de la mitad declara sentirse más productivo con jornadas más reducidas.Sin embargo, las empresas plantean que existen dificultades en rubros con alta demanda de mano de obra, turnos extendidos o períodos específicos de mayor actividad. El principal cuestionamiento apunta a las restricciones actuales para distribuir las horas de trabajo según las necesidades productivas.La normativa vigente establece que el promedio de jornada debe calcularse en un período de cuatro semanas, un plazo que, según análisis presentados en la Mesa de Reactivación Laboral, resulta más limitado que el aplicado en diversas economías de la OCDE.Experiencias internacionales como las de Francia, Portugal, Alema
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