Entrópico está Adrián Ben, y eso que come bien. Quizás no le queda otra salida al finalista del Mundial de Tokio para explicar una semifinal de 1.500m en la que terminó octavo, eliminado. “El estado natural del universo es el caos”, dice el gallego de Viveiro, tan analítico que después de una carrera, aún con el corazón a mil, y la adrenalina calentándole el coco, habla de posiciones, decisiones, tácticas, segundos y décimas sin liarse. Pero ningún 1.500 como este del mediodía cálido en el Alexander Stadium caldeado con 16 colosos apelotonados en la pista. Puro caos, claro, del que Ben huye quedándose en la retaguardia y el campeón del mundo en pista cubierta, Mariano García, también eliminado pese a llegar pletórico de forma, se traga de pleno, subiendo y bajando, cambiando a destiempo y, como los ciclistas inexpertos, quedándose cara al viento y muriendo. El gran barullo cósmico también engulló en su agujero negro a Carlos Sáez, quien tropezó tres veces y se cayó una en la anterior semifinal. Peleaba por el fondo del grupo el catalán y acabó solo, tocándose muñeca y brazo derechos, dañados en la caída. “Terminé la carrera pensando que me podrían recalificar, porque es lo que hacen, ¿no?, con los que se caen sin tener culpa”, dice el pupilo de Antonio Serrano en Madrid. “Me tomo un ibuprofeno y se me pasa el dolor del brazo enseguida, y como nuevo”.. Seguir leyendo
Las ‘golden bubbles’ se clasifican para la final del relevo 4×400 que cerrarán los campeonatos la noche del domingo
Entrópico está Adrián Ben, y eso que come bien. Quizás no le queda otra salida al finalista del Mundial de Tokio para explicar una semifinal de 1.500m en la que terminó octavo, eliminado. “El estado natural del universo es el caos”, dice el gallego de Viveiro, tan analítico que después de una carrera, aún con el corazón a mil, y la adrenalina calentándole el coco, habla de posiciones, decisiones, tácticas, segundos y décimas sin liarse. Pero ningún 1.500 como este del mediodía cálido en el Alexander Stadium caldeado con 16 colosos apelotonados en la pista. Puro caos, claro, del que Ben huye quedándose en la retaguardia y el campeón del mundo en pista cubierta, Mariano García, también eliminado pese a llegar pletórico de forma, se traga de pleno, subiendo y bajando, cambiando a destiempo y, como los ciclistas inexpertos, quedándose cara al viento y muriendo. El gran barullo cósmico también engulló en su agujero negro a Carlos Sáez, quien tropezó tres veces y se cayó una en la anterior semifinal. Peleaba por el fondo del grupo el catalán y acabó solo, tocándose muñeca y brazo derechos, dañados en la caída. “Terminé la carrera pensando que me podrían recalificar, porque es lo que hacen, ¿no?, con los que se caen sin tener culpa”, dice el pupilo de Antonio Serrano en Madrid. “Me tomo un ibuprofeno y se me pasa el dolor del brazo enseguida, y como nuevo”.. No llegaron nuevas de repesca a lo Werro para Sáez, un actor secundario de una final multitudinaria que se ahorrará los efectos en el estómago e hígado del antiinflamatorio no esteroideo, por lo que la prueba fetiche del atletismo masculino español se quedará sin finalistas patrios por primera vez desde Berlín 2018. Antes, tres campeones –Cacho 94, Reyes Estévez 98 y Casado 2010-, y medallistas unos cuantos, Abascal, Higuero, Bustos, Mario García Romo… “El fallo principal fue mío, por no haber sido valiente y haber corrido delante todo el tiempo”, dice Ben, que de júnior fue de los mejor de 1.500 de Europe, y luego encontró el esplendor en el 800. “A 300 metros tenía a mano a los seis que pasaron, y pensé que lo haría, pero luego vi que se iban y que tendría que esprintar ya en la curva… Tengo mejor velocidad que muchos, pero tampoco había espacio en la recta final para pasarlos, y acabé octavo”. El análisis de Mariano García, novato en la distancia pese a haberse manejado muy bien en la pista cubierta, fue similar. Caos y mala carrera. “Gasté balas a destiempo”, dice. “Tengo que aprender a correr carreras tan pobladas…”.. El cosmos se ilumina y los planetas bailan alineados, como las maquetas del 2001 al ritmo de Strauss, en la curva impetuosa de Rocío Arroyo en la tercera posta del 4×400 femenino y en la limpia claridad de Blanca Hervás y su perfil impoluto en la salida de la cuarta. Sin la estrella Paula Sevilla, reservada para la final individual del sábado, las golden bubbles respondieron a las expectativas y se clasificaron para la final que cerrará los campeonatos el domingo (22.33). Junto a la gaditana de Los Barrios Ana Prieto y Herminia Parra, de La Solana y el azafrán, como Paula Sevilla, las dos madrileñas consiguieron el quinto mejor tiempo, una marca (3m 26,41s) que es su mínimo sindical, y expectativas de concluir con energía un ciclo de éxito iniciado hace dos años con la disputa de la final en los Europeos de Roma, y proseguido con el título y la segunda plaza en las pruebas mundiales de relevos de Cantón y Botsuana y la medalla de bronce en el Mundial en pista cubierta de Torun, en marzo pasado. Por delante, en semifinales, cuatro grandísimas potencias, la local Gran Bretaña, la Holanda que asombra y pasa fácil reservando a las estrellas Bol y Klaver, Italia y Alemania.. Los hombres, el cuarteto del 4×400 que desde que se les llamaba Beatles-Husillos, Búa, Samuel García, Hortelano- marcaban el pulso del relevo español, quedaron eliminados. Con David García Zurita, de Móstoles, de 21 años, abriendo el baile y el ilerdense Bernat Erta, de 25, de ancla, los dos más veteranos en un proceso de renovación acelerado, y Ángel González (22), de Leganés y el canario de La Laguna Juan José de la Rosa (24), en el centro, los hombres quedaron terceros en su serie (3m 1,41s), novenos total y a solo una décima de la clasificación.
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