Las victorias atraen miradas y la de ayer, exageradamente merecida, va a volver a poner al fútbol español en el centro de todos los análisis. La final de Nueva York es la culminación de un Mundial impecable, impoluto, progresivo. Dominado y perfecto. La segunda estrella va a hacer que el mundo, de nuevo, se ponga a estudiar el juego español con la esperanza de, en cuatro años, ser ellos, y no la Roja, quienes se coronen. De hacer y no sufrir lo que te hacen. Se van a intentar copiar los métodos en la formación, el trabajo en los clubes y el sistema de captación, pero el método de Las Rozas —igual que ocurre con el hacer en La Masia— ni se copia ni se exporta. Hay que mamarlo, hay que vivirlo. Paso a paso. Sin urgencias y, sobre todo, sin atajos.Seguir leyendo
La segunda estrella va a hacer que el mundo, de nuevo, se ponga a estudiar el juego español con la esperanza de copiar y exportar el método implantado en Las Rozas
Mundial de FútbolOpiniónTexto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datosLa segunda estrella va a hacer que el mundo, de nuevo, se ponga a estudiar el juego español con la esperanza de copiar y exportar el método implantado en Las RozasEl audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.Luis de la Fuente se dispone a levantar la Copa del Mundo junto a los futbolistas de la selección española.Dylan Martinez (REUTERS)Las victorias atraen miradas y la de ayer, exageradamente merecida, va a volver a poner al fútbol español en el centro de todos los análisis. La final de Nueva York es la culminación de un Mundial impecable, impoluto, progresivo. Dominado y perfecto. La segunda estrella va a hacer que el mundo, de nuevo, se ponga a estudiar el juego español con la esperanza de, en cuatro años, ser ellos, y no la Roja, quienes se coronen. De hacer y no sufrir lo que te hacen. Se van a intentar copiar los métodos en la formación, el trabajo en los clubes y el sistema de captación, pero el método de Las Rozas —igual que ocurre con el hacer en La Masia— ni se copia ni se exporta. Hay que mamarlo, hay que vivirlo. Paso a paso. Sin urgencias y, sobre todo, sin atajos.En estos tiempos de vídeos cortos y sociedad dispersa, de prisas por llegar y elogios solo al ganador, cualquier mala copia será, en el mejor de los casos, un par de buenos años y quizás algún título, pero difícilmente se pueda imponer una era como la que el fútbol español está viviendo en el nuevo siglo si quien se acerca al éxito lo hace desde la superficie y con un plan al corto plazo. Leer en diagonal nunca funciona si quieres aprender. Te dejará sólo en la burla del tiki taka. Supongo que, unos cuantos títulos después, ya habremos entendido que lo de la posesión es mucho más que tener el balón por el afán de tenerlo. La selección reina en Europa y en el mundo, y en el fútbol de clubes, los banquillos hablan español en todas las finales. Las de hombres y las de mujeres. Cada maestrillo ha tenido su librillo, pero todos han compartido un denominador común: la capacidad de controlar el juego.El monopolio ahoga a quien lo sufre y sólo cuando se supera la rabia de enfrentar a alguien tan superior, se llega a la admiración y la reverencia. En Inglaterra, los medios de comunicación se deshicieron en elogios al despliegue de juego de Rodri y compañía, admirando con envidia la capacidad de los de De la Fuente de circular el balón con ritmo e intención a pesar de las faltas y empujones, y destacando su presión tras pérdida y el paso agresivo hacia adelante de su línea defensiva para cortar de raíz cualquier amago de contragolpe rival. Argentina no tiró a puerta en 120 minutos.Y es que ha sido tremenda la capacidad de los de De la Fuente de anular a sus rivales, minimizarlos, hacerlos inservibles en lo suyo. Mbapp
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