Seis años dan para mucho. Pero los seis años que ha pasado Cristina Ouviña en el Valencia Basket han sido especialmente intensos: 11 títulos, una pandemia dolorosa a las puertas de sus primeros Juegos Olímpicos, los de Tokio, que iban a ser en 2020 y se pospusieron a 2021, y un niño llamado Julen que no le impidió volver al baloncesto para abrazar, ya con su hijo cerca de ella, su último trofeo, la Liga de 2026. Seguir leyendo
La base zaragozana, 114 veces internacional y doble campeona de Europa, deja abierta la puerta sobre su futuro profesional
Seis años dan para mucho. Pero los seis años que ha pasado Cristina Ouviña en el Valencia Basket han sido especialmente intensos: 11 títulos, una pandemia dolorosa a las puertas de sus primeros Juegos Olímpicos, los de Tokio, que iban a ser en 2020 y se pospusieron a 2021, y un niño llamado Julen que no le impidió volver al baloncesto para abrazar, ya con su hijo cerca de ella, su último trofeo, la Liga de 2026. Ouviña, que en septiembre cumplirá 36 años, no habló de retirada en el acto que organizó el club al que llegó en 2020 con la idea de echar raíces otra vez en España y acercarse de nuevo a su familia. La niña que se aficionó al baloncesto porque sus primas jugaban en el Basket Lupus, que luego pasó por el CN Helios y que alcanzó la élite, ya en el Mann Filter de Zaragoza, su ciudad, con solo 17 años, acabó convirtiéndose en una estrella de baloncesto. La base veloz, gran defensora y siempre en constante aprendizaje mudó de piel en Polonia (Wisla), a donde llegó sin hablar inglés, Rusia (Nadezhda), Francia (Bourges) y República Checa (USK Praha), lugares llenos de experiencias y aprendizajes, antes de volver a España e instalarse en Valencia, donde guio al equipo hacia sus primeros títulos. La jugadora aragonesa también fue campeona de liga en Polonia, Francia y la República Checa. Una colección tremenda que amplió de taronja, ya en el Valencia Basket, con las cuatro últimas ligas, pero también con dos Copas de la Reina, tres Supercopas, una SuperCup Women y aquella inolvidable Eurocup de 2021, durante los últimos coletazos de la covid y el principio de la era triunfal del Valencia Basket de Rubén Burgos. Su trayectoria deportiva tuvo, en paralelo, otro brillante camino en la selección española. Hasta 114 veces se puso una camiseta con la que ganó dos veces el Eurobasket (2013 y 2019), una plata continental (2023) y un bronce mundial (2018). Partido a partido, victoria a victoria, título a título, Ouviña fue ampliando su palmarés. En Valencia cayó de pie. Durante estos seis años, seis intensos años, con un embarazo y una etapa en la que tuvo que poner el foco en su salud mental, se convirtió en el ojito derecho de la afición. Un tramo de su vida en el que tejió un nuevo círculo de amistades y en el que dejó el sello de su humildad y su cercanía tanto con las compañeras, como con los empleados del club, como con los aficionados. La base española Cristina Ouviña (i) trata de anotar ante la ala-pívot serbia Aleksandra Crvendakic (d) durante los Juegos Olímpicos 2020.Kai Fösterling (EFE)Ouviña lo dio todo y eso le permite dejar una huella profunda en el Valencia Basket: segunda máxima asistente (826), segunda en robos (362), cuarta con más partidos (207), quinta en anotación (1.380), quinta en rebotes (631) y quinta en triples anotados (156). Aunque fueron sus compañeras quienes pusieron en valor lo que había detrás de la jugadora. “Gracias por todo lo que significas para mí
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