Imagínese el escenario en el que Cristiano Ronaldo y sus asesores se sientan para escribir el anuncio que describe los factores que lo llevaron a abandonar el campo de entrenamiento de la selección nacional portuguesa. «¿Debemos hablar de Pele y Maradona?» Mientras los demás comienzan a silbar y a darle discretas patadas debajo de la mesa para silenciarlo, su presión arterial sistólica supera los 140. Je suis désolé, je ne comprends pas ce que vous demandez. Christian responde con una pregunta, mostrando una insatisfacción cósmica; esta expresión oscila entre una comprensión incompleta de las circunstancias y la molestia de no haber obtenido, en su tiempo, el rayo de la muerte. ¿Yo engaño o no soy tan hábil como Pelé y Maradona? «Voy a morir». Conclusión de la actividad. Recursos adicionales para explorar.
Ya no se trata de que se compare a sí mismo con Pelé y Maradona, un tema que ha sido discutido en la comunidad futbolística durante dos décadas, sino que los usa como un medio de justificación en una disputa relacionada con su trabajo.
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Ya no es que se compare con Pelé y Maradona, un debate al que el mundo del fútbol lleva sometido veinte años, sino que recurra a ellos como argumento redentor en un conflicto laboral


Imaginen ese momento en el que Cristiano Ronaldo y sus asesores toman asiento para redactar el comunicado con el que tratarán de explicar las razones que lo han empujado a abandonar la concentración de la selección portuguesa. “¿De verdad vamos a contar lo de Pelé y Maradona?”, dudará alguno de los presentes, quizás el último en incorporarse al universo CR7, mientras los demás se ponen a silbar y le pegan pataditas por debajo de la mesa para que se calle, la tensión sistólica por encima de 140. “¿Qué quieres decir?”, responde Cristiano con otra pregunta y ese gesto tan suyo de desagrado cósmico, siempre a medio camino entre no estar comprendiendo del todo la situación y una cierta frustración por no haber comprado, en su día, aquel rayo de la muerte. “¿Que soy un mentiroso o que no soy tan bueno como Pelé y Maradona?”. Fin del ejercicio.
Punto por punto y en un documento sin limitaciones de espacio, Cristiano Ronaldo y su equipo decidieron que la mejor manera de defender su postura era contar toda la verdad, con pelos y señales, incluso aquella que nadie les había pedido que contasen y alguna que quizá les habría venido bien callarse. Lo hicieron al más puro estilo Cristiano Ronaldo, eso sí, pero sin tener en cuenta aquello que el gran Manuel Vicent escribió en estas mismas páginas a modo de advertencia universal: “El que busca la verdad corre el riesgo de encontrarla”.
No hay que avanzar mucho en el comunicado para entender a qué se refería Vicent. El relato comienza con una revelación que se convierte en advertencia al final del texto: la federación portuguesa le confió sus planes de entregar las llaves de la selección a Jorge Jesus y Cristiano dio su bendición al nombramiento. El detalle pretende demostrar la relación de confianza que existía entre ellos, pero de paso acredita algo bastante más llamativo y puramente ronaldiano: antes de que Jorge Jesus pudiera decidir qué hacer con Cristiano Ronaldo, Cristiano Ronaldo ya había sido llamado a decidir qué hacer con Jorge Jesus.
El verdadero conflicto comienza cuando Jorge Jesús adquiere conciencia de su cargo y se pone a tomar decisiones que afectan al propio Cristiano Ronaldo. Según relata el futbolista, el seleccionador le comunicó que no sería titular contra Noruega, pero que disputaría la última media hora del partido. No fue así. “Calenté desde el descanso, vi pasar los minutos y no me llamaron”, explica con cierta desazón: a estas alturas de su carrera, Jorge Jesus lo estaba tratando como a un futbolista cualquiera, no como a Pelé y Maradona. Aquí arranca su penúltima gran embestida, de vuelta aquella fuerza de la naturaleza que deslumbró al mundo entero, ahora como furioso literato: ya no es que Cristiano Ronaldo se compare con Pelé y Maradona, un debate al que el mundo del fútbol lleva sometido veinte años, sino que recurra a ellos como argumento redentor en un conflicto laboral.
El comunicado termina con el propio Cristiano Ronaldo representado por enésima vez su papel de futbolista ejemplar, un nuevo sacrificio de la estrella por el bien común y un desenlace que sería más sencillo de celebrar si los párrafos anteriores no hubieran explicado, con tanto detalle, cuál considera Cristiano que es el lugar que ocupa cada uno. Quizá sea esa la verdad que nadie esperaba encontrar, Don Manuel: Cristiano Ronaldo pide disculpas por abandonar la concentración y se pone a disposición de Portugal. Ahora solo falta por saber si Portugal continúa a disposición de Cristiano Ronaldo.
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