Durante cuatro décadas, la donación de órganos era un procedimiento médico vetado a las personas con VIH. Podían recibir un trasplante (desde 2005), pero no ser donantes. Una ley se lo prohibía. Hasta el año pasado, que el Ministerio de Sanidad modificó una normativa de 1987. Fue un hito contra el estigma asociado al VIH, pero también una oportunidad: gracias a ese cambio legislativo, hoy, Manuel (nombre ficticio), un hombre con VIH aquejado de una grave insuficiencia renal, vive con un riñón donado de forma altruista por un amigo suyo que también tiene la infección. El trasplante, que se practicó recientemente en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona con cirugía robótica, es el primero que se hace en España entre personas con VIH. Seguir leyendo
La intervención, una cirugía robótica para implantar un riñón, llega al año de que Sanidad autorizase las donaciones entre personas seropositivas
Durante cuatro décadas, la donación de órganos era un procedimiento médico vetado a las personas con VIH. Podían recibir un trasplante (desde 2005), pero no ser donantes. Una ley se lo prohibía. Hasta el año pasado, que el Ministerio de Sanidad modificó una normativa de 1987. Fue un hito contra el estigma asociado al VIH, pero también una oportunidad: gracias a ese cambio legislativo, hoy, Manuel (nombre ficticio), un hombre con VIH aquejado de una grave insuficiencia renal, vive con un riñón donado de forma altruista por un amigo suyo que también tiene la infección. El trasplante, que se practicó recientemente en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona con cirugía robótica, es el primero que se hace en España entre personas con VIH. Manuel padecía una glomerulonefritis crónica, una inflamación de los filtros pequeños de los riñones que, aunque no estaba relacionada con el VIH, se le había complicado hasta el punto de requerir un trasplante renal. “Por las tardes estaba muy cansado, tenía que tener cuidado al comer… Mis riñones apenas filtraban al 7%”, cuenta el receptor por teléfono. Estos órganos se encargan de filtrar los desechos de la sangre, eliminar agua y sales por la orina y mantener el equilibrio de minerales, entre otras cosas; cuando la función renal está alterada, como le pasaba a Manuel, las toxinas se acumulan en el cuerpo, puede haber retención de líquidos y también aumenta el riesgo de problemas cardiovasculares. Manuel necesitaba un trasplante urgentemente y un amigo suyo, que también tiene VIH, se ofreció a donarle un riñón. “Vino conmigo a todas las pruebas y los médicos nos dijeron que éramos compatibles. Así que lo hicimos”, relata. La intervención, que duró unas cuatro horas, fue por cirugía robótica en el hospital barcelonés. “Primero se hizo la extracción y luego el implante con una intervención mínimamente invasiva. Desde el punto de vista técnico, es un trasplante que no difiere del que se hace habitualmente en el hospital en personas que no tienen la infección”, ha explicado Enric Trilla, jefe de Urología del hospital. Para preservar el anonimato de donante y receptor, EL PAÍS no dará detalles de la fecha de la operación ni información que pueda identificarlos.Por su parte, Jordi Navarro, infectólogo del hospital barcelonés, ha señalado que la particularidad, cuando donante y receptor tienen VIH, es que hay que hacer una revisión exhaustiva del historia de tratamiento y de evolución viral del donante, para ver si ha habido algún fracaso en el tratamiento o el virus es de alguna cepa resistente. “Y a partir de aquí, ajustamos el tratamiento al paciente trasplantado porque le tienes que dar una pauta que cubra el virus del donante y del receptor. Pero la inmunosupresión no tienen por qué reactivar el virus. Antes, los fármacos antirretrovirales tenían muchas interacciones, pero desde hace 10 años, los tratamientos que se usan en primera l?
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