La frondosa coleta rubia de Serena Williams ondea al viento a eso de las dos y media de la tarde, cuando la tenista, leyenda y heroína cumple con el penúltimo compromiso con los medios en la terraza del All England Club. A continuación, se incorpora de la silla y se dirige hacia la sala de conferencias como si abriera las aguas, con ese paso firme, cachazudo y poderoso que impresiona a los que la observan por primera vez. In situ, su presencia escénica se multiplica por mil. Efectivamente, la campeona de 23 grandes está de vuelta y estos días casi todo gira a su alrededor, a pesar de que Aryna Sabalenka, Jannik Sinner o Novak Djokovic también luzcan en el cartel del grande británico. Al fin y al cabo, se trata de Serena, y no son pocos los que deslizan: ¿Qué son 44 años, si no la nueva juventud? ¿Y si por casualidad…?Seguir leyendo
La campeona de 23 grandes reaparecerá el martes con “nervios”, mientras su antiguo técnico, Mouratoglou, advierte: “No ha regresado para ser mediocre”
La frondosa coleta rubia de Serena Williams ondea al viento a eso de las dos y media de la tarde, cuando la tenista, leyenda y heroína cumple con el penúltimo compromiso con los medios en la terraza del All England Club. A continuación, se incorpora de la silla y se dirige hacia la sala de conferencias como si abriera las aguas, con ese paso firme, cachazudo y poderoso que impresiona a los que la observan por primera vez. In situ, su presencia escénica se multiplica por mil. Efectivamente, la campeona de 23 grandes está de vuelta y estos días casi todo gira su alrededor, a pesar de que Aryna Sabalenka, Jannik Sinner o Novak Djokovic también luzcan en el cartel del grande británico. Al fin y al cabo, se trata de Serena, y no son pocos los que deslizan: ¿Qué son 44 años, si no la nueva juventud? ¿Y si por casualidad…?No compite desde 2022, cuando decidió que era la hora de parar, pero el factor intimidatorio no ha desaparecido. En cualquier caso, la lógica invita a pensar que su recorrido no debería ser excesivamente largo en Londres. Aun así, ella ya ha ganado. “Será muy diferente. Por primera vez en mi carrera mis expectativas son completamente distintas. No es que antes no disfrutara jugando, porque entonces no estaría aquí hoy, pero ahora siento que voy a disfrutar muchísimo simplemente por el hecho de estar en la pista”, introduce la estadounidense, que habla del mismo que camina: despacito. Despacha las preguntas con contestaciones que, salvo rara excepción, no superan los diez segundos. Sin embargo, el magnetismo sigue intacto. Más informaciónSe sabía que disputaría el dobles, pero la decisión de aceptar la invitación para el cuadro individual llegó prácticamente sobre la bocina. “Tenía hasta el lunes para decidir y creo que al final lo hice el domingo. Sinceramente, hasta entonces no lo tenía nada claro…. Y, si soy sincera, todavía no estoy del todo segura”, dice riéndose, envuelta en una chaqueta blanca y con un resplandeciente anillo en el anular izquierdo. Debutará el martes frente a la australiana Maya Joint, la 87ª del mundo, y pese a la experiencia dice sentir algo muy parecido a la primera vez; en realidad, a todas aquellas que iba a pisar la pista. Ese gusanillo que pone en alerta y acelera el flujo de la sangre. Aunque el horizonte inmediato sea un enigma, confía en estar a la altura.“Espero estar nerviosa. He sentido nervios antes de prácticamente todos los partidos de mi carrera. Para mí eso significa que me importa lo que hago y que siento pasión por este deporte, ya sea una primera ronda o una final. Siempre he tenido esos nervios, pero después salen a la pista conmigo y terminan desapareciendo. Espero volver a sentir exactamente lo mismo”, incide Williams, que antes de aterrizar en Wimbledon jugó un par de partidos de dobles: uno en Queen’s, de la mano de Victoria Mboko, y otro con Karolina Muchova en Berlín. Una victoria, una derrota. Pero eso es lo de menos. O no. E
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