A última hora de la tarde, Wimbledon sufre una convulsión y todo el mundo se frota los ojos al ver una de las siluetas más reconocibles en la historia del tenis ascendiendo la escalinata que da acceso a la Centre Court. Sube una vez más a los altares Serena, a rebufo de una tenista a la que hay que reconocerle todo el mérito. Hasta hoy, muy poca gente había reparado en Maya Joint, una discreta jugadora nacida en San Francisco y que compite por Australia a la que le ha tocado el honor y, al mismo tiempo, el engorro de coprotagonizar esta cita hasta hace nada insospechada. ¿Williams compitiendo a los 44 años? Así es. Ahí abajo está, otra vez, contoneando las caderas al resto y rugiendo.Seguir leyendo
La estadounidense reaparece en Londres a los 44 años y rebate durante casi dos horas y media a la australiana Joint, un cuarto de siglo más joven: 6-3, 6-7(6) y 6-3
A última hora de la tarde, Wimbledon sufre una convulsión y todo el mundo se frota los ojos al ver una de las siluetas más reconocibles en la historia del tenis ascendiendo la escalinata que da acceso a la Centre Court. Sube una vez más a los altares Serena, a rebufo de una jugadora a la que hay que reconocerle todo el mérito. Hasta hoy, muy poca gente había reparado en Maya Joint, una discreta jugadora nacida en San Francisco y que compite por Australia a la que le ha tocado el honor y, al mismo tiempo, el engorro de coprotagonizar esta cita hasta hace nada insospechada. ¿Williams compitiendo a los 44 años de nuevo? Así es. Ahí abajo está, otra vez, contoneando las caderas al resto y rugiendo.Imposible olvidar ese gruñido a la hora de atizarle a la pelota, ese dramatismo a la hora de afrontar cada punto y esa forma única y orgullosa de reaccionar ante la adversidad. Porque la hay. Quien esperase un cuento de hadas en este regreso, se da de bruces con una realidad exigente; la lógica, siempre dispuesta a poner las cosas en su sitio: 6-3, 6-7(6) y 6-3, tras 2h 21m. No jugaba un partido individual la norteamericana desde hacía cuatro años —el adiós del US Open, cuando se retiró— y al peso de la edad —24 años de brecha— se añade la escasez de rodaje; en la mochila, tan solo un par de partidos de dobles (baremo corto e irreal) y una intensa puesta a punto durante los meses previos que le ha devuelto una figura atlética. Sin embargo, en cuestión de continuidad ya es otra historia.Williams sigue desenvolviéndose más o menos sobre esas ocho losetas del fondo desde las que ejercía en los tiempos previos al adiós, consciente de que cualquier aventura en otros ángulos de la pista puede costarle muy caro en cada punto. Repele orgullosa las direcciones que propone de lado a lado la rival, pero si el punto se alarga y debe correr más de lo deseado, se le ven las costuras. Esos pulmones son los mismos de 2022. Ahora bien, no hay caducidad alguna para una serie de básicos del argumentario de una leyenda como ella; es decir, la fuerza, el tacto y la muñeca —se infravaloró más de lo debido su calidad— siguen perfectamente blindados. Por ahí, un delicioso viaje al pasado.Hay probablemente en esta vuelta más dignidad, romanticismo y nostalgia que opciones reales, dado que Joint, a lo suyo, intachable, se sobrepone a todo lo que puede aturdirla (a ella y a cualquiera a la que le hubiese correspondido el episodio): la inmensidad de la adversaria, la combustión emocional y esas réplicas tan corajudas de la heroína, aferrada con todo lo que hoy tiene. Hasta donde le alcanza. Que no es poco. Con todo el oficio y la escuela del mundo, aprieta al resto —bolazos inteligentes a los pies— y cuando ya se ha decantado el primer set y parece que está a punto de hacerlo el segundo, se revuelve. Marca de la casa. No hay ni habrá años, edades, generaciones ni ciclos que borren ese instinto ni esa lucha. Esa eterna insurrecci?
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