Cuarenta años después, Inglaterra tiene la revancha que tanto tiempo llevaba esperando. El gol de Diego Armando Maradona inmortalizado por él mismo como La mano de Dios. Maradona nunca pidió disculpas y eso fue un sacrilegio para los inventores del fútbol. Inglaterra se siente la guardiana del purismo del balompié y de su fair-play y aquello generó más revanchismo en los ingleses que el trasfondo del conflicto de las Malvinas. La abusiva contraofensiva marítima que ordenó Margaret Thatcher sí fue interiorizada como espoleta emocional por los jugadores capitaneados por Maradona para afilarse el orgullo en los cuartos de final de México 86. La selección que dirigía Carlos Bilardo jugó con el recuerdo de las imágenes de aquellos imberbes y desarrapados soldados argentinos que, sin saber ni cómo ni por qué, fueron llamados y enviados a la derrota segura ante una potencia mundial armamentística muy superior.Seguir leyendo
Los internacionales ingleses defienden el espíritu de equipo por encima de la obsesión por el sofisticado fútbol que el técnico alemán no consigue implantar
Mundial de FútbolLos internacionales ingleses defienden el espíritu de equipo por encima de la obsesión por el sofisticado fútbol que el técnico alemán no consigue implantar El audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.Tuchel en el entrenamiento de Inglaterra este martes.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)Cuarenta años después, Inglaterra tiene la revancha que tanto tiempo llevaba esperando. El gol de Diego Armando Maradona inmortalizado por él mismo como La mano de Dios. Maradona nunca pidió disculpas y eso fue un sacrilegio para los inventores del fútbol. Inglaterra se siente la guardiana del purismo del balompié y de su fair-play y aquello generó más revanchismo en los ingleses que el trasfondo del conflicto de las Malvinas. La abusiva contraofensiva marítima que ordenó Margaret Thatcher sí fue interiorizada como espoleta emocional por los jugadores capitaneados por Maradona para afilarse el orgullo en los cuartos de final de México 86. La selección que dirigía Carlos Bilardo jugó con el recuerdo de las imágenes de aquellos imberbes y desarrapados soldados argentinos que, sin saber ni cómo ni por qué, fueron llamados y enviados a la derrota segura ante una potencia mundial armamentística muy superior.Para Inglaterra, la revancha es más una cuestión de ajustar su histórica gran cuenta pendiente en los Mundiales de fútbol. La afrenta tratará de saldarla con un técnico alemán en el banquillo. Thomas Tuchel es el único superviviente de los tres seleccionadores extranjeros que se traían entre manos proclamar campeonas del mundo a tres de las grandes favoritas. A la Brasil de Carlo Ancelotti le dio puerta la Noruega de Haaland en octavos de final y a la Portugal de Roberto Martínez la finiquitó España en la misma ronda.Inglaterra vive una curiosa paradoja con Tuchel. Este fue elegido como sustituto de Gareth Southgate por su prestigio como armador de un fútbol sofisticado con la pelota como signo inequívoco de identidad. Hasta ahora, la apuesta en este Mundial solo se corresponde con la elevada posesión, pero apenas hay rastro de circuitos de balón o de movimientos de jugadores que sorprendan. Las noches enteras que Tuchel se pasa analizando y hablando de fútbol con sus ayudantes no se reflejan en el campo todo lo que el técnico alemán desearía. Su capacidad de análisis es muy respetada por sus colegas. “Tiene rayos X, sus planes de partido siempre funcionaban. Analizaba a los rivales y siempre encontraba soluciones gracias a su análisis”, dijo de él Hansi Kleitsch, un reputado director de la cantera del Stuttgart que le vio dar los primeros pasos como técnico. Algunos de los internacionales ingleses han deslizado a sus periodistas de cámara que el juego que despliegan es simple. Mover la pelota de lado a lado hasta llevarla a los extremos o tirar una pelota por encima de la defensa del rival cuando Har
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