A Doug Bierton le regalaron su primera camiseta de fútbol al cumplir los siete años. Ese día, entre la tarta y las velas, Doug abrió el paquete y la vio. Era roja. Sharp. Trébol Adidas. Remolinos de fondo. Escudo del Manchester United. La felicidad. El chico se obsesionó no ya con el fútbol, sino con las camisetas. Unos años después consiguió el fetiche que acariciaba desde niño: la de Alemania 90. Hoy tiene más de doscientas mil camisetas en un almacén a las afueras de Mánchester. Unas siete mil –las más especiales– duermen en los altos percheros de una cámara secreta bien refrigerada y con acceso limitado.. Seguir leyendo
No es solo que una camiseta azuce el recuerdo de un gol, un título, un jugador, un ascenso. Es algo mucho más íntimo y biográfico. Más de adentro que de afuera
A Doug Bierton le regalaron su primera camiseta de fútbol al cumplir los siete años. Ese día, entre la tarta y las velas, Doug abrió el paquete y la vio. Era roja. Sharp. Trébol Adidas. Remolinos de fondo. Escudo del Manchester United. La felicidad. El chico se obsesionó no ya con el fútbol, sino con las camisetas. Unos años después consiguió el fetiche que acariciaba desde niño: la de Alemania 90. Hoy tiene más de doscientas mil camisetas en un almacén a las afueras de Mánchester. Unas siete mil –las más especiales– duermen en los altos percheros de una cámara secreta bien refrigerada y con acceso limitado.. ¿Por qué nos fascinarán tanto las camisetas de fútbol?. Pienso en ello con la vista pegada a las páginas de un libro que acaba de publicarse en España: Camisetas de fútbol. Los modelos emblemáticos del Archivo de Classic Football Shirts (Cinco Tintas). Esa es la empresa que hace veinte años Doug montó con Matt Dale, otro loco de las zamarras. Entre ambos han sabido explotar esa mezcla de nostalgia, estética, identidad, distinción y rebeldía que traspira una camiseta de fútbol antigua. Ya tienen 250 empleados; cuidado con los regalos de cumpleaños.. Dice Doug que las viejas camisetas cuentan una historia. Que son una ventana a un tiempo y un lugar –a veces a un momento vital, personal y colectivo– que esa prenda evoca de una forma inmediata. Como la magdalena de Proust en el paladar, la camiseta antigua es una forma de memoria capaz de despertar hasta reacciones físicas de una intensidad incomprensible para los ajenos a este síndrome. No es solo que una camiseta azuce el recuerdo de un gol, un título, un jugador, un ascenso. Es algo mucho más íntimo y biográfico. Más de adentro que de afuera.. Miro los modelos mientras me detengo en una reflexión. Lo que hace inmortal a una camiseta, dice Doug, no tiene que ver con la combinación de colores ni las características del estampado. No es el diseño. El factor decisivo para que una camiseta se recuerde es lo que hicieron quienes la vestían. Qué consiguieron. Qué significó. Qué sentido le dieron.. Que la Francia de Platini ganara en el 84 con esa franja roja tan elegante en el pecho. Que Van Basten marcase el gol más increíble de una Eurocopa con ese bello rompecabezas geométrico y naranja. Que la Dinamarca de Laudrup emocionara al mundo en el 86 con su asimétrica Hummel y su voracidad ofensiva. Que Alemania ganase la Copa del Mundo del 90 con la deconstrucción gráfica de su bandera. Que Roger Milla bailara con el banderín de córner tras marcar un gol con 38 años y ese león camerunés en el pecho. Que Bebeto, Romario y Mazinho acunaran a un bebé imaginario con la canarinha azul en su camino a la gloria del 94. Que Maradona levantase la copa con esa albiceleste tan limpia de Le Coq Sportif. Que la DDR derrotase, con cuello de pico, a la arrogante Alemania Federal en su Mundial 74. Pero también que Baggio fallase el penalti con ese azzurro elegante de cuello vuelto. O que el Brasil del Maracanazo se estrellase con una camiseta blanca ya nunca más utilizada. O que Luis Enrique chorrara sangre por la nariz con la camiseta blanca de los diamantes en el costado.. Hay un algo en esas camisetas. Ese algo es la memoria. El poso. También el recuerdo melancólico de aquel momento que fue perfecto –o lo pareció– antes de que llegase el fútbol moderno en tromba. Esa arcadia puede datarse entre la Eurocopa del 84 y el Mundial del 90, cuando las camisetas de fútbol alcanzaron lo que muchos consideran su forma perfecta después de los sobrios sesenta de arañas negras y los bellos setenta de naranjas mecánicas.. Parece divertida la vida de Doug Bierton. Da igual que tenga un cuarto de millón de camisetas: él sigue con su fantasía infantil. La que nació mientras miraba una y otra vez el VHS con los mejores momentos de Italia 90 hasta rayar la cinta. Ese sueño era reunir todas las camisetas que se vistieron en aquel Mundial de su niñez; cuidado con la infancia.. En total hubo 44 modelos de camiseta en los campos de Italia 90. “La dificultad de conseguirlas todas es que solo hubo réplicas oficiales de 17. Para las otras 27, solo existen las de partido fabricadas para los jugadores. En los últimos seis años he podido reunir 38 de las 44. Las seis que faltan son como ilusiones míticas, y si alguna vez consiguiera reunirlas todas, temo que se rompería el continuo espacio-tiempo”, escribe Doug, que contacta directamente con exjugadores y si hace falta localiza una camiseta de Costa Rica 90 en el garaje de un exjugador de Suecia.. ¿Por qué nos fascinará tanto coleccionar?. PD: Escribe Proust: “Cuando nada subsiste ya de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas del todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo”. En busca del fútbol perdido.
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