Desde que el clérigo español Ruy López de Segura fuera el primer campeón del mundo oficioso de ajedrez en el siglo XVI, solo una mujer, Judit Polgar, ha estado entre los diez mejores; y muy pocas entre los cien. A los 49 años, la húngara, retirada de los torneos desde 2014, desborda inteligencia, simpatía y amplia cultura. Nadie diría que nunca fue a la escuela, excepto para los exámenes. El documental La reina del ajedrez (Netflix) glosa con gran acierto su descomunal mérito, pero no profundiza en su educación ni sobre la enorme escasez de mujeres (una por cada diez hombres) en un deporte donde la fuerza física es inútil.. Seguir leyendo. La reina del ajedrez. Dirección: Rory Kennedy. Género: documental. EE UU, 2026.. Duración: 95 minutos.. Plataforma: Netflix. Estreno: 6 de febrero.
El documental ‘La reina del ajedrez’ (Netflix) hace justicia a su grandeza, pero no profundiza en que nunca fue al colegio ni sobre la enorme escasez de mujeres en este deporte
Desde que el clérigo español Ruy López de Segura fuera el primer campeón del mundo oficioso de ajedrez en el siglo XVI, solo una mujer, Judit Polgar, ha estado entre los diez mejores; y muy pocas entre los cien. A los 49 años, la húngara, retirada de los torneos desde 2014, desborda inteligencia, simpatía y amplia cultura. Nadie diría que nunca fue a la escuela, excepto para los exámenes. El documental La reina del ajedrez (Netflix) glosa con gran acierto su descomunal mérito, pero no profundiza en su educación ni sobre la enorme escasez de mujeres (una por cada diez hombres) en un deporte donde la fuerza física es inútil.. Calendario. Nunca olvidaré aquel 12 de noviembre de 1988 en la sala de prensa de la Olimpiada de Ajedrez de Tesalónica (Grecia). Revisando las alineaciones de las selecciones femeninas, di un respingo al ver la de Hungría: Susan Polgar (19 años), Judit Polgar (12), Sofía Polgar (14) e Ildiko Madl. ¿Tres hermanas en el equipo de un país puntero en ajedrez? Indagué, y me di de bruces con una de las mejores historias que he contado: las tres habían sido cobayas de un experimento de sus padres, quienes las educaron en casa con el ajedrez como prioridad. Por si eso fuera poco, el novio de Madl había muerto pocas semanas antes en un accidente de tráfico.. Esas cuatro chicas lograron algo literalmente increíble: ganar el oro por delante de las soviéticas, que se lo habían llevado siempre en los treinta años anteriores (la Olimpiada es bienal). Y la actuación individual de Judit también fue una proeza casi irrepetible: 12 victorias, un empate (con la soviética Levitina), ninguna derrota. ¡A los 12 años! No había que ser clarividente para vaticinar que aquella niña iba a revolucionar el ajedrez.. Lo hizo, y en menor medida también sus hermanas: Susan fue campeona del mundo femenina y ha aportado muchísimo a la difusión del ajedrez; Sofía se retiró de la alta competición muy pronto, a los 22 años, pero ya había logrado, a los 14, en el Abierto de Roma, uno de los mejores resultados de una mujer en la historia. Pero había algo aún más asombroso en las tres hermanas, que reforzaba el gran éxito del experimento de sus padres, y no solo en el plano deportivo: superada la timidez de sus adolescencias, las tres eran extrovertidas, políglotas (Susan habla siete idiomas, y sus hermanas cuatro o cinco), simpáticas y cultas. ¿Cómo era eso posible si apenas habían tenido vida social?. Sofia Polgár, Susan Polgár y Judit Polgár, en una imagen en Budapest de la serie ‘La reina del ajedrez’.Cortesía de Netflix. Durante casi 40 años de seguimiento y muchas conversaciones con la familia, los periodistas especializados hemos creído tener una buena respuesta a esa pregunta. El experimento ideado por los padres, Lazslo y Klara, desde que eran novios, tenía un objetivo rayano en la obsesión: demostrar que los genios no nacen, se hacen con la educación y el trabajo. Pero tuvieron tres hijas, sin varones en el medio, lo que les llevó a añadir otro: probar que las mujeres pueden jugar al ajedrez tan bien o mejor que los hombres, a pesar de que casi ninguna había tenido éxito en la élite hasta entonces, desde el siglo XVI. Pero Lazslo y Klara siempre cuidaron mucho dos aspectos de la educación de sus hijas: que tuvieran contacto frecuente con ajedrecistas de Budapest, niños y adultos, y que viajaran todo lo posible desde la infancia. Esos dos empeños podían explicarlo todo, especialmente para quien escribe estas líneas: tras haber visitado 115 países, tengo claro que viajar es la mejor escuela de vida.. Klára Polgár, en la serie ‘La reina del ajedrez’.Cortesía de Netflix. El problema. En el documental hay una omisión grave: en ningún momento se dice que Lazslo y Klara habían estudiado pedagogía; en cierto modo, sabían lo que estaban haciendo. Y una revelación que aumenta el asombro, incluso el de quienes hemos hablado y escrito mucho sobre el caso Polgar: Judit desvela que cada día, incluidos domingos y festivos, tres entrenadores visitaban su casa para trabajar con ellas; 10 horas en total: “De 10.00 a 13.00, de 14.00 a 17.00, y de 17.00 a 21.00”, detalla. Este miércoles pedí confirmación a Judit, y respondió: “Sí, los días normales eran así, con un entrenamiento tremendo. Ahora bien, en las semanas anteriores a los exámenes sí preparábamos las diferentes asignaturas, de manera muy intensa y concentrada. Y, por supuesto, el horario era muy diferente cuando viajábamos para jugar torneos”.. Judit Polgar y Garry Kasparov, en una imagen de la serie ‘La reina del ajedrez’.Javier Bustos Lozano (Cortesía de Netflix). A pesar del éxito, es significativo que ninguna de las tres hermanas haya repetido con sus hijos el modelo de educación tan peculiar que recibieron. Y que además debió superar dificultades muy desagradables, derivadas de que la familia Polgar es judía y era pobre, y de que tanto el Gobierno como la Federación Húngara de ajedrez estaban radicalmente en contra: “La policía llegó a entrar en casa con metralletas, y amenazaron con llevarnos a los padres a la cárcel o a un manicomio, y a nuestras hijas a un orfanato”, recuerda Klara. Pero, tras el oro en la Olimpiada de Ajedrez de Tesalónica, todo cambió, y las Polgar se convirtieron en heroínas nacionales.. Aun así, el mérito de Judit Polgar hasta que ascendió al octavo puesto de la lista mundial es inmenso, y está bien reflejado en el documental. Desde niña, y con la excepción de algunos compromisos con la selección húngara femenina, tuvo muy claro que para progresar mucho había que medirse con los hombres y rechazar los torneos donde solo había mujeres. Pero esa decisión implicaba un aterrizaje abrupto en un mundo muy masculino. En el torneo de Linares (Jaén, el Wimbledon del ajedrez) de 1994, Judit fue al baño (de mujeres, obviamente) durante la primera ronda y se encontró allí al campeón del mundo, Gari Kaspárov. No era confusión, sino costumbre: no había habido mujeres en las cuatro participaciones anteriores del ruso, quien prefería el baño de señoras por comodidad.. Garry Kasparov, en la serie ‘La reina del ajedrez’.Cortesía de Netflix. Un bloqueo y una bendición. La integración en la élite masculina fue dura. Los rivales derrotados por Judit solían reaccionar mal; alguno incluso se marchó rudamente del escenario sin estrechar su mano en señal de felicitación, una costumbre sagrada en el ajedrez, tanto entre profesionales como aficionados. Pero los resultados de la húngara y la brillantez de su juego eran tan consistentes que rompieron el muro. Y un buen día, el indio Viswanathan Anand, pentacampeón del mundo y muy respetado por sus colegas, bendijo en público a la nueva estrella: “Judit ya es uno de nosotros”.. La reina del ajedrez, dirigido y producido por Rory Kennedy, toma como hilo conductor la relación, mezcla de rivalidad y admiración mutua en momentos diversos, entre Judit y Kaspárov, quien desde el principio se convirtió en la bestia negra deportiva de la pujante húngara, bloqueada psicológicamente cuando se enfrentaba a él. El balance total de sus enfrentamientos es excesivo en favor del ruso: 12 victorias, cuatro empates, una derrota.. Judit Polgár, en una imagen en el campeonato de Madrid de la serie ‘La reina del ajedrez’.Cortesía de Netflix. El documental falta al rigor cuando no especifica que el único triunfo de Judit en esas 17 partidas fue en una rápida (Moscú 2002), donde la probabilidad de sorpresa es mayor que en la modalidad clásica (lenta). Y dedica muchos minutos —que tal vez se hubieran invertido mejor en profundizar en la educación de las tres hermanas y en la ausencia de mujeres en el ajedrez— a un pequeño escándalo: durante la partida Polgar-Kaspárov de Linares 1994, el ruso agarró un caballo, lo puso en una casilla, lo soltó durante una fracción de segundo (solo se aprecia a cámara lenta; y cuando se comprobó, al día siguiente, Judit ya había firmado su derrota) y lo movió a otro escaque, violando el reglamento; de haber hecho el campeón la jugada que no hizo, Judit habría arañado un empate, probablemente. Kaspárov niega haberse dado cuenta de que soltó la pieza; por tanto, es imposible saber si hubo mala fe.. Judit es, sin duda, una de las personas más inteligentes que el arriba firmante ha conocido (por ejemplo, tiene memoria fotográfica); se puede comprobar en esta entrevista de la serie Aprendemos Juntos (BBVA). Desde 2014, cuando se retiró de la competición, dedica mucho tiempo y energía a promover el ajedrez como herramienta educativa. Ella y sus hermanas (cuyas mentes también brillan) parecen dar la razón a su padre en el eterno debate de si los genios nacen o se hacen, si bien sus resultados son tan asombrosos que el componente genético no se debe descartar, aunque está claro que el entrenamiento intensísimo desde que tenían cinco años es el factor prioritario.. Sofia Polgár, Susan Polgár y Judit Polgár, en una imagen de la serie ‘La reina del ajedrez’.Cortesía de Netflix. En el documental, Lazslo confiesa que lo pasó mal cuando sus hijas se casaron: “Sus maridos las llevaron por caminos distintos al mío, y yo dejé de ser su representante. Sufrí por ello”. Y en los últimos minutos de La reina del ajedrez, añade: “Judit no llegó a ser la número uno porque para eso tendría que haberse entrenado tres o cuatro horas más cada día”.. Por su parte, Judit da muestras de haber superado plenamente la obsesión de su padre. Este jueves reenvió a EL PAÍS uno de los mensajes que ha recibido a raíz del documental: “Nunca había oído hablar de usted hasta verla en Netflix. Cuando mi hija tenía siete años, le regalé un juego de ajedrez. Por tanto, comprendo lo orgulloso que su padre está de usted”. Judit explica así sus sentimientos: “Esa es la clase de reacción que estaba esperando. Confío en que muchos niños empiecen a jugar al ajedrez tras el documental”.. La reina del ajedrez. Dirección: Rory Kennedy. Género: documental. EE UU, 2026.. Duración: 95 minutos.. Plataforma: Netflix. Estreno: 6 de febrero.
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