Miltiadis Tentoglou alegremente despeluzado, ojos dormilones, salta como los ángeles (8,26m); el cabello abundante, primoroso corte, de Mattia Furlani, se eriza espantado cuando cae tras su primer salto, desequilibrado y chillando, el isquio de su muslo derecho quebrado, y Eusebio Cáceres, maestro de todo, y un niño de nuevo, vuela con el viento (+3,1) que le empuja en el aire como haría con una cometa después de una batida perfecta, muy ajustada, salta 8,24m y exclama: “Cuando ya tienes 35 años te dicen que el resto de tu vida de atleta es un regalo, pero para mí es un nuevo comienzo”. Luego, carga su mochila y se marcha de la pista charlando alegre con el griego, doble campeón olímpico y favorito para sumar un cuarto título europeo a los dos olímpicos y al mundial que ya ha ganado.. Seguir leyendo
El saltador de longitud y el mediofondista lideran una buena entrada en competición del atletismo español
Miltiadis Tentoglou alegremente despeluzado, ojos dormilones, salta como los ángeles (8,26m); el cabello abundante, primoroso corte, de Mattia Furlani, se eriza espantado cuando cae tras su primer salto, desequilibrado y chillando, el isquio de su muslo derecho quebrado, y Eusebio Cáceres, maestro de todo, y un niño de nuevo, vuela con el viento (+3,1) que le empuja en el aire como haría con una cometa después de una batida perfecta, muy ajustada, salta 8,24m y exclama: “Cuando ya tienes 35 años te dicen que el resto de tu vida de atleta es un regalo, pero para mí es un nuevo comienzo”. Luego, carga su mochila y se marcha de la pista charlando alegre con el griego, doble campeón olímpico y favorito para sumar un cuarto título europeo a los dos olímpicos y al mundial que ya ha ganado.. Spain’s Eusebio Caceres makes an attempt in the men’s long jump qualifying at the European Athletics Championships in Birmingham, England, Monday, Aug. 10, 2026. (AP Photo/Matthias Schrader)Matthias Schrader (AP Photo/Matthias Schrader). En la final (martes, 20.16) se encontrará con dos españoles más, el catalán Jaime Guerra (8,12m, +2,7) y el alcarreño Lester Lescay (8,03m, solo +0,9 de viento: su pasillo de salto estaba pegado a las gradas del Alexander Stadium, una hectárea de hierba fresca y verde en medio del paisaje de secarral manchego, hierba pajiza como rastrojos de cereal, que domina la siempre verde, antes, Birmingham). Por primera vez en la historia, tres españoles en una final europea de longitud.. Una constatación: aparte de Tentoglou, el de los pies ligeros, que ha saltado 8,66m, hay otros dos, el gigantesco búlgaro Saraboyukov y el pluripotentado suizo Ehammer, que rondan los 8,50m, marcas lejanas para los españoles. “Simplemente estaba relajado, no fue para tanto. Fue un salto tranquilo, y me gusta saltar 8,26 m en una clasificación matutina”, analiza y promete Tentoglou, de 28 años. “En la final quiero saltar 8,50m, 8,60m y ganar. Estoy en forma, así que debería poder hacerlo. He defendido tantos títulos que no siento presión, sino emoción”.. “Sabíamos lo que nos íbamos a encontrar, pero ya me toca saltar lo que valgo”, dice Guerra, de Cornellà, 26 años y una carrera puntuada por las lesiones, antes de disputar su segunda gran final consecutiva después de la del Mundial de Tokio 25. “Pero lo que hace ilusión es que sea Eusebio el que suba al podio, que olvide tantos cuartos puestos”.. Cáceres, sienes rapadas en degradé elegante, quizás por coquetería, ya pelillos blancos aclaran su moreno, ha alcanzado el zen mental de no pensar ni en los rivales, lo que tanto le agobiaba antes, ni en qué puesto puede conseguir en su novena gran final al aire libre entre Juegos, Mundiales y Europeos. El mejor saltador español después de Yago Lamela fuer cuarto en su debut mundialista, en Moscú 2013 (y saltó ya 8,26m), a los 22 años, y fue cuarto ocho años después en los Juegos de Tokio, y una vez más cuarto en los Europeos de Zúrich 2014. “Ha sido un año duro por asuntos íntimos, y me rompí un isquio hace un mes”, dice Cáceres, que dejó su Onil (Alacant) por Madrid y la residencia Blume hace una década, y luego se fue a Guadalajara a entrenar con el grupo de Iván Pedroso, antes de regresar a su pueblo, donde, llevando la contraria a la leyenda de que nunca es posible regresar a casa, se encontró con su infancia, y la abrazó alegre. “Sigo con Pedroso, pero a distancia. Mentalmente me siento un niño”, añade el alicantino, que logró su mejor marca personal (8,37m) en 2013. “Quiero irme con mi mejor marca personal. De verdad que siento que puedo dar más de mí. No quiero quedarme en cuarto lugar. Es el momento de dejar de pensar en los demás y centrarme en mí, y de disfrutar de la competición”.. Físico de bailarín, espíritu libre, zancada elegante, alegre, Livio Berruti era un esteta que ganó la final de los 200m de los Juegos de Roma 60 con zapatillas y calcetines blancos para sentirse como Jesse Owens, y gafas de sol –“puro narcisismo”, reconocía–, y en la década de los 60 todos los velocistas que se querían sentir elegantes como Berruti corrían con gafas de sol, como el atleta y poeta Jenaro Talens, y en Birmingham todos los italianos lloran su muerte y llevan crespones negros en sus camisetas blancas, y el español Moha Attaoui corre a las 11 de la mañana –un resol entre las nubes—con gafas de sol su serie de 800m. “No, no, nada de estética, tampoco me gustan mucho”, dice el atleta cántabro, uno de los grandes favoritos, después de clasificarse fácil (1m 45,26s) para las semifinales del miércoles (13.20) de la prueba en la que intentará mejorar la medalla de plata conseguida en Roma hace dos años. “Pero tampoco me gusta estar guiñando los ojos porque me molesta mucho el sol por la mañana”.. Junto a Attaoui también pasó ronda el extremeño David Barroso (1m 45,90s), el atleta que sorprendentemente le derrotó en la final del campeonato de España hace dos semanas. Fue uno más de los momentos duros del exuberante Attaoui, de 24 años, plusmarquista nacional (1m 42,04s) y un mar de dudas y frustración este verano después de un invierno en el que rozó el récord mundial de 1.000 metros en pista cubierta. “Lo he pasado muy mal. Pasé de hacer 3m 31s en los 1.500m en Turku a quedarme clavado en el siguiente 800m… Se me juntaron un virus, una infección, análisis con hierro muy bajo, y la muerte de mi abuelo”, dice el atleta de Torrelavega, que salió muy atrás en su serie pero encontró la dinamita que tanto le gusta a falta de 300m para pasar a seis en la contrarrecta, mandar en la curva y controlar en la recta al inglés Pattison, y, ya garantizada la calificación, no le importó que le adelantara el francés Meziane. “No he querido exhibirme, porque siempre me dicen que me exhibo en las series y llego mal a la final… Pero también hay que clasificarse”.
Feed MRSS-S Noticias
