Hay hombres que tienen razón en todo, menos en el momento cúlmine. Seguir leyendo
La derrota de los charrúas en el Mundial dolió más en Chile que en Uruguay. La feligresía Marcelo Bielsa sufrió la terquedad de un entrenador que volvió a cometer, con persistente convicción, los mismos errores del pasado
Mundial de fútbolOpiniónTexto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datosLa derrota de los charrúas en el Mundial dolió más en Chile que en Uruguay. La feligresía Marcelo Bielsa sufrió la terquedad de un entrenador que volvió a cometer, con persistente convicción, los mismos errores del pasadoMarcelo Bielsa habla con su equipo durante el partido contra España, en Zapopan, Jalisco (México) este viernes.Fernando Llano (AP Photo/Fernando Llano)Hay hombres que tienen razón en todo, menos en el momento cúlmine. Marcelo Bielsa llegó a Guadalajara con la misma certeza de siempre, con el mismo cuaderno, con el mismo discurso de presión alta y protagonismo que lleva predicando desde hace treinta años. Cuatro referentes de Uruguay -Rochet, Ugarte, Bentancur y Valverde- le pidieron jugar en bloque bajo y salir de contragolpe ante España. Bielsa los escuchó cuarenta y ocho minutos seguidos, con la cabeza inclinada, y luego les dijo que no. Jugaron como él quería. Perdieron 1-0. Y en la conferencia de prensa, antes de que la periodista pudiera preguntar, se escuchó al Loco gritar “¡Dale de una vez!” con visible tensión. Hasta en la derrota, Bielsa es Bielsa. Hasta en la derrota, no da el brazo a torcer. El número que persigue al rosarino es implacable. Este fue su décimo partido en Copas del Mundo, dirigiendo su tercera selección: Argentina en 2002, Chile en 2010, Uruguay en 2026. Solo con Chile, en Sudáfrica, logró superar la fase de grupos. Con Argentina y ahora con Uruguay, fue eliminado en la primera ronda. “No le dejo nada al fútbol uruguayo”, dijo en la conferencia con esa honestidad brutal que lo hace simultáneamente admirable e insoportable. “Cualquier aporte de un entrenador durante tres años no se instala si no consigue resultados. Soy el responsable absoluto de la decepción, no supe potenciar a los jugadores”. Nadie se flagela como Bielsa. Y nadie vuelve a cometer los mismos errores con tanta convicción. En Chile quedó una feligresía huérfana que lo sigue amando con la intensidad de quienes amaron algo que nunca fue del todo suyo. El bielsismo fue el período más emocionante del fútbol chileno moderno, la época en que una selección de segunda línea mundial jugó como si fuera protagonista del mundo, en que los niños corrían a ver entrenamientos como si fueran a una misa. Ese Bielsa no volvió. El de Uruguay fue un hombre más viejo, más rígido, más solitario en su certeza. Luis de la Fuente, el técnico español que lo eliminó, dijo antes del partido que era un gran admirador suyo y que pasó cinco o seis meses viendo sus entrenamientos en el Athletic de Bilbao. Así suele ser Bielsa: derrotado por quien más aprendió de él. Y en Chile, los que lo vieron trabajar saben exactamente de qué habla De la Fuente. Saben lo que se pierde cuando el profeta predica en el desierto y el desierto no responde. Guadalajara fue esa noche. El úl
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