¿En qué momento Diego Armando Maradona se convirtió en un astro del fútbol? La respuesta rápida es que siempre lo fue, desde pequeño, cuando jugaba en la cancha de tierra del humilde barrio de Villa Fiorito, en la periferia de Buenos Aires. Pero no hay duda de que su máxima expresión la alcanzó hace 40 años, el 22 de junio de 1986, en el estadio Azteca de Ciudad de México, cuando en tan solo 10,87 segundos recorrió 55 metros eludiendo a cuanto inglés se le cruzó en el camino.. Seguir leyendo
Hace 40 años, Argentina derrotó a Inglaterra cuatro años después de la guerra de Malvinas. El astro argentino marcó primero con la mano y cuatro minutos después eludió a medio equipo inglés para hacer el gol del siglo
¿En qué momento Diego Armando Maradona se convirtió en un astro del fútbol? La respuesta rápida es que siempre lo fue, desde pequeño, cuando jugaba en la cancha de tierra del humilde barrio de Villa Fiorito, en la periferia de Buenos Aires. Pero no hay duda de que su máxima expresión la alcanzó hace 40 años, el 22 de junio de 1986, en el estadio Azteca de Ciudad de México, cuando en tan solo 10,87 segundos recorrió 55 metros eludiendo a cuanto inglés se le cruzó en el camino.. El gol quedó en la historia no solo por su belleza técnica en un campo en malas condiciones, a 2.238 metros sobre el nivel del mar y bajo un sofocante calor en pleno mediodía. Su carácter irrepetible también radica en el contexto: los cuartos de final de una Copa del Mundo y ante nada menos que Inglaterra, una selección con la que había una rivalidad que excedía las fronteras del estadio por la reciente guerra de Malvinas.. “¿De qué planeta viniste?”, se preguntaba el periodista uruguayo Víctor Hugo Morales durante una narración que también quedó para la historia. Invadido por la emoción del momento, segundos después de que Maradona consumara su obra, se atrevió a definirla como “la jugada de todos los tiempos”. Cuatro décadas después, la frase sigue vigente.. La mano de Dios. Cinco minutos antes del llamado “gol del siglo”, se produjo la controversia de todos los tiempos. Maradona usó su puño izquierdo para superar al portero Peter Shilton, 18 centímetros más alto, y adelantar a la Albiceleste. Fue una jugada que el astro argentino inició con un regate en slalom de izquierda al centro y que contó con la participación del centrocampista Steve Hodge.. Maradona hizo un esfuerzo por no incriminarse y salió rápidamente a festejarlo hacia un costado, mirando de reojo al árbitro. El tunecino Ali Bennaceur no advirtió la infracción y solo unos pocos jugadores ingleses la reclamaron. Después del partido, Maradona explicó que el gol había sido marcado “un poco con la cabeza y un poco con la mano de Dios”, frase que dio origen al apodo.. Dos goles históricos y un dominio total. Los dos goles del astro argentino ya eran suficientes para convertirle en el mejor del partido, pero hubo mucho más que eso. Las estadísticas del encuentro, reeditadas recientemente por el portal especializado Statsbomb, permiten dimensionar la actuación del 10.. Esa tarde Maradona estuvo imparable: intentó 14 regates y superó a sus rivales en 12 ocasiones, una verdadera pesadilla para los ingleses. La mayoría de sus gambetas fueron en campo contrario y, sobre todo, por la derecha.. Este número de regates suena hoy astronómico, pero lo es más en el contexto del fútbol de la época: Maradona recibió 37 entradas y solo 8 fueron castigadas con falta por el árbitro.. Pese a este agobiante marcaje, Maradona logró 20 acciones progresivas, llevando el balón hacia posiciones más avanzadas, 8 por pases y 12 por conducciones, incluida la del segundo gol.. El 10 fue el segundo jugador argentino que más balones recibió (40), solo detrás de Burruchaga. Las principales asociaciones de la Albiceleste pasaron por sus centrocampistas —el propio Burruchaga, Batista y Enrique—, que, junto a Olarticoechea, fueron los principales socios de Maradona en el campo.. El mediapunta fue imprescindible en la medular argentina y determinante cerca del área. Maradona remató siete veces —la mitad de todo el equipo— y generó 1,2 de los 1,6 goles esperados de Argentina.. Maradona lideró a los argentinos, pero el control durante algunas fases del juego fue coral. En el siguiente gráfico se ilustra la amenaza generada por cada equipo en cada minuto. Este peligro generado se mide sumando las acciones que acercan el balón hacia posiciones donde el gol es más probable.. En la primera parte no hubo grandes ocasiones, pero a la vuelta del descanso los argentinos generaron dos llegadas que acabaron en gol. Después los ingleses generaron varias acciones de peligro hasta que en el minuto 81 acortaron distancias con un gol de Lineker. En los últimos minutos de juego, Tapia pudo sentenciar un partido que salvó bajo los palos Olarticoechea tras la última intentona inglesa.. El factor Malvinas. Más allá del fútbol, el partido tuvo un trasfondo político: se jugó cuatro años después de la guerra de Malvinas entre Argentina y el Reino Unido, lo que añadió una carga emocional y simbólica al encuentro. El conflicto —que se extendió durante diez semanas— le costó la vida a 649 argentinos, 255 británicos y tres isleños antes de que Argentina se rindiera en junio de 1982.. En la prensa, el partido comenzó a jugarse antes del pitido inicial, con el antecedente como principal eje de la cobertura. La víspera del encuentro, EL PAÍS centró su pieza en cómo el conflicto armado seguía proyectando su sombra sobre el duelo del estadio Azteca.. Recorte de EL PAÍS sobre la previa del Inglaterra-Argentina del Mundial de México 86, marcada por el recuerdo de la guerra de las Malvinas.. Aunque jugadores, técnicos y dirigentes intentaban rebajar el tono, el periódico recogía el clima que rodeaba al partido: consignas nacionalistas entre aficionados argentinos, preocupación por posibles incidentes y llamamientos a separar el deporte de la política. Todo indica que el recuerdo de las islas se infiltró inevitablemente esa tarde en el Azteca.. Una camiseta improvisada. Mientras la prensa y los aficionados recordaban el conflicto bélico, Carlos Bilardo no dormía pensando en el tejido de sus camisetas. En octavos de final, Argentina se había enfrentado a Uruguay con su segunda equipación, de color azul oscuro y confeccionada en algodón, un tejido que retiene el sudor y añade peso con el calor. Para los cuartos de final, el técnico quería algo más ligero.. La marca que vestía a Argentina se negó a fabricar en tan poco tiempo un nuevo juego con la misma tecnología de las camisetas titulares. Hay diferentes versiones de cómo fue el operativo, pero lo cierto es que Bilardo envió a varios colaboradores a recorrer la ciudad en busca de otra opción. Las prendas elegidas se compraron la noche anterior al partido y se adaptaron de urgencia con números plateados similares a los de una equipación de fútbol americano. Con esa camiseta improvisada, Maradona marcó los goles que quedaron en la historia. Décadas después, en 2019, una de ellas se convirtió en la más valiosa del deporte: se vendió por cerca de 9,1 millones de dólares.. Un Mundial aplastante. Maradona no solo brilló ante Inglaterra. Su nivel fue superlativo a lo largo de todo el torneo. Argentina había llegado al duelo con los británicos tras superar la fase de grupos con victorias ante Corea del Sur y Bulgaria y un empate frente a Italia, antes de eliminar a Uruguay en octavos. Tras el éxito ante los ingleses, el capitán argentino condujo a la Albiceleste hacia su segundo título mundial, con triunfos ante Bélgica en semifinales y ante Alemania en la final.. Las estadísticas son contundentes: de los 14 goles de Argentina en el torneo, 10 fueron anotados o asistidos por Maradona. En total, participó en más de la mitad de todos los disparos del equipo (57 de 101), siendo el responsable de 30 intentos de gol y creando otras 27 oportunidades para sus compañeros.. Sigue siendo, hasta hoy, el único jugador en la historia del Mundial en marcar y asistir al menos cinco veces en una misma edición. Ni los máximos goleadores de otros mundiales ni algunos de los mejores jugadores de la historia —Zico, Ronaldo, Messi o Mbappé— alcanzaron simultáneamente esas cifras. Una muestra de la capacidad del astro argentino para decidir partidos tanto con sus propias acciones como habilitando a sus compañeros.. Su impacto fue mucho más allá de los goles y las asistencias. A lo largo de México 1986, Maradona completó 53 regates exitosos, 37 más que cualquier otro futbolista del torneo. Según los registros de Opta —que abarcan todos los Mundiales desde 1966—, nadie ha superado esa cifra en una misma edición de la Copa del Mundo. Lo más extraordinario es que lo logró soportando una presión constante: recibió 53 faltas en los siete partidos que disputó Argentina, una media de 7,6 por encuentro, la mayor cantidad registrada para un jugador en la historia de los Mundiales. Fue, al mismo tiempo, el futbolista más desequilibrante y el más castigado del torneo.
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