En la vanguardia del sector de los aficionados madrileños en el Estadio Olímpico de Roma, se notaba una pancarta con el emblema de la plataforma asociada recientemente formada por Enrique Riquelme, un candidato a la presidencia en las próximas elecciones. En medio del caos dentro de la burbuja blanca, el equipo evitó por poco un resultado desastroso el miércoles debido a una actuación extraordinaria en Europa. Confiaron en su plan de emergencia y en los jugadores de la lista de José Mourinho para salvar la situación. Para más información, consulte las siguientes fuentes.
La disolución de la asociación Tchouameni-Valverde allana el camino una vez más para el resurgimiento del equipo blanco en el Campeonato.
En primera línea de la zona de aficionados madridistas presentes en el estadio Olímpico de Roma se pudo ver una pancarta con el logo de la plataforma de socios recién creada por Enrique Riquelme, candidato a la presidencia de las elecciones de junio. Son tiempos agitados en la burbuja blanca con un equipo que este miércoles esquivó otro desmoronamiento gracias a una sesión milagrera de las suyas en Europa, agarrado al plan de emergencias y a algunos jugadores del coche escoba de José Mourinho.
De nuevo, el plan A hizo aguas. De nuevo, el dúo Tchouameni-Valverde en el medio entró en bancarrota y tuvo que ser desmontado sobre la marcha para dar entrada, en este caso, a Arda Güler y Bernardo Silva. Del turco comentó hace unas semanas el técnico que no lo ve todavía maduro para ocupar una posición tan sensible como la zona ancha y él, a diferencia de Xabi Alonso, no se mostró dispuesto a invertir tiempo en ese proyecto. De entrada, lo ha preferido en una altura más arriba en el campo, sin embargo, las urgencias de los dos últimos compromisos (Roma y Villarreal) lo empujaron a ubicarlo en el eje. Y le salió. A su compatriota, de 32 años, si algo le sobran son horas de vuelo al mando de un equipo de alto nivel, aunque en los tres partidos previos (Elche, Atlético y Villarreal) apenas había acumulado ocho minutos. Empezó el curso como titular, pero desapareció.
A Mou, un entrenador que ha amasado títulos movido por la prudencia y los planteamientos conservadores y reactivos, la pareja de centrocampistas que más le ha convencido desde que ha tenido a todos disponibles ha sido Tchouameni-Valverde. La misma que a otros que ocuparon su cargo y fueron despedidos. En cuanto ha podido juntarlos (el francés viene de una lesión), lo ha hecho y ya suman cuatro encuentros seguidos en el once inicial: Elche, Atlético, Villarreal y Roma. En los dos últimos, el Madrid solo pudo ganar tras deshacer esta pareja. Y en el derbi, solo encontró una luz de esperanza en el tramo final sin el galo y con Bernardo.
A la espera de comprobar si abre algo la mano en alguna cita, sus palabras en las tripas del Olímpico no anunciaron ninguna revolución pese al susto de muerte que acababa de sufrir. Más bien al contrario, insistió en su fe en el hormigón que representa la unión del francés y uruguayo, al menos, para este tipo de compromisos. “Si empezamos el partido con los que han terminado, nos meten cinco”, proclamó contundente Mou.
La búsqueda del equilibrio sigue siendo una de sus grandes preocupaciones teniendo en cuenta la escasa naturaleza defensiva de los atacantes estrella. Si ellos no echan todo el carbón que deberían a la estufa del trabajo defensivo, el equipo, entiende el cuerpo técnico, debe armarse desde atrás debido a este condicionante. El mapa de posiciones medias del Madrid en la primera parte refleja la ruptura total del equipo: seis futbolistas en su campo mientras eran “machacados” por el rival —según el luso—, y los cuatro atacantes (Vinicius, Diomande, Bellingham y Mbappé) en el contrario, desconectados del resto.

La apuesta del portugués resulta redundante. Por ese desfiladero ya pasaron sin éxito sus predecesores. El mal trago del equipo en Roma dejó un dato inquietante que ilustra el colapso: Courtois fue el segundo madridista que más pases intentó (55), por detrás de Konaté (58). Pero lo peor fue que esta cifra del meta es el doble que la media del resto de encuentros de esta temporada (28), según Opta.
Con la cuerda apretando fuerte el cuello, el Madrid solo encontró un punto de giro cuando rompió con el plan A a la hora de juego y con 3-1 en desventaja. La aparición de Güler recolocó a Valverde en el lateral derecho por segundo partido consecutivo pese a que Mou aseguró en la previa que la decisión ante el Villarreal había sido algo “muy específico” de ese choque. Y el recurso de Bernardo Silva eliminó a Tchouameni de la ecuación en el 70.
El turco, en sus 37 minutos disputados, fue el que más ocasiones creó de su equipo (tres), el que más centros puso (ocho), intervino 37 veces (Valverde, 47 en 97 minutos) e intentó 27 pases (el charrúa, 31). Arriba, el desaparecido Endrick (solo sumaba cuatro minutos este curso cuando sustituyó al extraviado Vinicius) y Espí (relevó de Diomande) sacaron buena tajada de los centros del otomano. El brasileño, que confesó que estaba hablando con Dios cuando seguía el partido desde el banquillo porque pensaba que no iba a entrar tan temprano (en el 59), recibió el premio MVP. Hasta el minuto 80, los blancos habían rematado nueve veces, tres de ellas a portería. En los 15 finales, incluido el descuento, la producción se disparó hasta los siete lanzamientos, cinco de los cuales entre los tres palos.
“[Con ese once que finalizó] sería imposible sostener a un rival súper intenso y ofensivo [como la Roma]. Hay momentos y momentos. Con la estrategia, algunas veces el entrenador es un idiota. Otras es muy bueno. No voy a decir que soy un fenómeno de preparar todo para pasar del 3-1 al 3-4, pero pensaba que en los últimos 20 minutos tenía cambios para hacer. [Mario] Hermoso estaba con Diomande y, cuando le faltó la gasolina, entró Endrick. Dame un poco de crédito también a mí”, se reivindicó Mourinho con esa barba canosa que sigue creciendo.
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