Es Carlos Alcaraz en su versión pugilística, golpeando al hígado del rival una y otra vez. Duro el castigo, la sucesión, tanta tralla. Nadie podrá decir que Jaume Munar no sea un buen encajador, de aquellos que no se arrugan, siempre áspero. Pero poco más puede hacer el mallorquín, al que le queda el consuelo de haber planteado un partido de tú a tú hasta que el martillo del rival, desatado una vez que ha apagado otro fuego, lo hace todo añicos: 5-7, 6-3 y 6-1 (en 2h 33m). Así, derechazo en derechazo, el número tres del mundo desembarca de nuevo en la final de Tokio, en la que se encontrará este martes (11.00, Movistar+) con un checo de gesto pétreo y muñeca rápida, pero de consistencia frágil, Jiri Lehecka (6-4 y 6-2 a Valentin Vacherot). Ha bastado apenas un mes para que el español tenga otro trofeo a su alcance.. Seguir leyendo
El murciano se endereza y revierte un duelo muy áspero que termina en forma de paseo: 5-7, 6-3 y 6-1 (en 2h 33m). Se enfrentará el martes (11.00) al checo Lehecka
Es Alcaraz en su versión pugilística, golpeando al hígado del rival una y otra vez. Duro el castigo, la sucesión, tanta tralla. Nadie podrá decir que Jaume Munar no sea un buen encajador, de aquellos que no se arrugan, rival siempre áspero. Pero poco más puede hacer el mallorquín, al que le queda el consuelo de haber planteado un partido de tú a tú hasta que el martillo del rival, desatado una vez que ha apagado otro fuego, lo hace todo añicos: 5-7, 6-3 y 6-1 (en 2h 33m). Así, derechazo en derechazo, el murciano desembarca de nuevo en la final de Tokio y aguarda rival, Jiri Lehecka o Valentin Vacherot. Sea cual sea de ellos, ya saben lo que se avecina este martes (11.00, Movistar+). Ha bastado apenas un mes para que el español vaya volviendo por sus fueros y tenga otro trofeo a tiro.. Más o menos, como quiere y cuando quiere. “No sé que ha ocurrido en el primer set. Parece que estoy teniendo problemas todos los días, pero estoy contento por cómo consigo remontar. Jugar contra Jaume siempre es difícil, pero no le he dejado llevar el partido a su terreno. He intentado presionarle en cada golpe, en cada pelota, en cada punto, y creo que esa ha sido la clave”, sintetiza el ganador, quien, efectivamente, se impone por agotamiento. La tensión que impone decide otra vez.. Hace tiempo que Munar soltó esa pesada mochila que le impedía dar el salto. “Era ahora o nunca, la mediocridad ya no me complacía”, contaba a este periódico el curso pasado, habiendo roto ya el corsé y dispuesto a arriesgar: a todo o nada. Se acabó aquel tenista especulativo y emergió un competidor más afilado, sin miedos y con el deseo de testarse. ¿Y por qué no jugársela? Así es, un nuevo Munar. Adentrado ya en la madurez, dio un par de vueltas de tuerca a su tenis y perfiló un estilo mucho más agresivo, menos contemplativo, más directo. Nada de esperar. Sin perder esa esencia guerrillera, el mallorquín lo busca; con más o menos tono, siempre estará ahí. Rara vez no inclina el terreno.. Y así sucede también en este cruce con Alcaraz, quien intenta recuperar estímulos y continúa a ráfagas: genialidades y despistes. Deliciosa esa forma de acolchar la pelota en la volea, providencial y única, pero acusa otra vez la intermitencia que le obligó a sufrir en las rondas previas. Días de irregularidad. Hasta cierto punto, lógico. No es sencillo. Después de cuatro meses y medio en la reserva, el murciano apenas ha jugado once partidos y, por muy bueno que uno sea o por más talento que se tenga, siempre cuesta. Hasta cierto punto tramposa la reaparición del US Open. La duda, eterna compañera de vieja. Te llames como te llames. Ni los fenómenos se libran. De nuevo, oleaje.. “Estoy lejos de donde quiero estar”, comentaba el domingo el número tres. Y advertía Munar: “Siento que mi juego vuelve a estar ahí”. No hay duda: este Munar da gusto. En una época en la que la gran mayoría machaca la pelota, el balear propone y el duelo se traduce en una estupenda combinación de alturas, ritmos, estrategias y variantes. Muy armónico todo. Incluso el desorden. Hasta el séptimo juego, un toma y daca coherente y el break de Alcaraz, que parece tener en la mano el set y de repente, se tuerce. Paga una laguna. No lo cierra y Munar, un dolor de muelas que no da por perdida una pelota y estrecha la pista a base de más y más piernas, detecta la bajada de nivel y va con todo.. Tal vez sea el día para él, un diésel. O quizá no. De rotura en rotura. El murciano no lo ve claro y termina enfrascándose en el error: ese 5-4 (con saque) todavía revolotea en su cabeza. Se enreda, se lía y patina. Cuatro errores sucesivos —dos dobles faltas, una dejada fallida y una volea escorada— premian la constancia del rival, al que le queda lo más difícil. Del mismo modo que Munar no suele bajar el pistón, Alcaraz obliga a la proeza; es decir, o mantienes la línea o estás perdido. “A su máximo nivel es el mejor”, sentenciaba Roger Federer hace unos días. Y entre ellos, los diferentes, se entienden. Saben de qué va esto.. En realidad, es la pelea de siempre. Alcaraz, tantas veces superior al de frente, desde que era un crío con forma de fideo, necesita verse en apuros para desabrochar ese tenis de excepción, tan embriagador. Ahora bien, si se enciende es prácticamente imparable. Munar responde a la rotura de entrada, pero después asume que le viene encima el alud: ¡Pim-pam-pum! El de El Palmar descerraja y la rompe. Mírenlo bien: yo, pegador. Set para él. ¡Larga vida a esa derecha!. Si la muñeca resiste, el tenis se lo pasará muy bien. Los pelotazos que dispara no admiten hoy comparación: duros, huecos, colocados, aplastantes. Te atraviesan. Te fulmina. “¡Dale!”, le grita su preparador, Samuel López. Y él, claro, le da. Revienta la bola. Complicado no agachar la cabeza ni rendirse ante un Alcaraz así, tan intratable, tan abrasivo. Desencadenado. No lo hace Munar, pero imposible. No hay manera. 5-0, aunque rasca el juego de la honrilla. Se revuelve el mallorquín, pero simplemente lo absorbe la marea. Así de simple.. Carlos Alcaraz. vs. Jaume Munar. Sets:
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