No hay constancia de que Pep Guardiola y José Mourinho hayan salido para comer juntos alguna vez, ni siquiera en Manchester, cuando eran vecinos, siempre separados por los dos clubes antagónicos de la ciudad a los que entrenaban: el City y el United. Igual que cuando el catalán dirigía al Barcelona y el portugués al Madrid y la distancia que mantenían era la misma que hay del Camp Nou al Bernabéu. La rivalidad llegó a ser tan enconada que partió el fútbol en dos bandos irreconciliables sin que los protagonistas hayan compartido nada más desde entonces que las condolencias por la muerte de uno de sus progenitores: Félix Mourinho y Dolors Sala. Nadie diría que mantuvieron una buena convivencia durante cuatro años en el Barça (1996-2000).. Seguir leyendo
Los entrenadores del Barça y el Madrid partieron el fútbol en dos bandos irreconciliables
No hay constancia de que Pep Guardiola y José Mourinho hayan salido para comer juntos alguna vez, ni siquiera en Manchester, cuando eran vecinos, siempre separados por los dos clubes antagónicos de la ciudad a los que entrenaban: el City y el United. Igual que cuando el catalán dirigía al Barcelona y el portugués al Madrid y la distancia que mantenían era la misma que hay del Camp Nou al Bernabéu. La rivalidad llegó a ser tan enconada que partió el fútbol en dos bandos irreconciliables sin que los protagonistas hayan compartido nada más desde entonces que las condolencias por la muerte de uno de sus progenitores: Félix Mourinho y Dolors Sala. Nadie diría que mantuvieron una buena convivencia durante cuatro años en el Barça (1996-2000).. Mourinho llegó a Barcelona como colaborador de Bobby Robson y se fue después de ser el ayudante de Van Gaal. Ninguno de los dos tenía nada que ver con su antecesor Johan Cruyff. El carácter cainita del club ha tenido mucho que ver en la trayectoria de Mourinho, recibido en el Camp Nou como un traductor y vitoreado cuando después de ganar la Copa en 1997 coreó: “Hoy, mañana y siempre con el Barça en el corazón”. El portugués se empapó de barcelonismo en un momento de máxima discusión futbolística con protagonistas como Figo, Luis Enrique y Guardiola, un cruyffista radical que fue capitán del Dream Team.. No tardó ni cuatro años en ganar la Champions con el Oporto después de su regreso a Portugal. “No soy arrogante, soy especial”, proclamó, una definición que la prensa inglesa resumió en The Special One antes de ganar la Premier con el Chelsea. El personaje se comió a un entrenador adelantado a su tiempo y ya obsesionado con el Barça, incluso con Messi y hasta con Cataluña: “Es un país de cultura y sabéis lo que es teatro del bueno”, ironizó después de una eliminatoria europea en 2006. Mourinho, un ganador que no admitía la derrota, experto en manchar la victoria del rival, se enemistó definitivamente con el Barça cuando ya se veía como entrenador en 2008 y fue descartado en favor de Guardiola.. El aval de Cruyff y de Laporta jugaron a favor de Pep y en contra de José, quien se sintió tan despechado que se ofreció como el antídoto del Barça y de Guardiola, el único capaz de detener la carrera triunfal de los azulgranas y el entrenador a medida de un presidente que no creía en los entrenadores y menos en Guardiola: Florentino Pérez. El presidente del Madrid fichó a Mourinho después que el Barça ganara seis títulos en 2009 y dejara un 2-6 en el Bernabéu. El Inter entrenado por el portugués, campeón de la Champions en 2010, eliminó antes al Barça en una ronda en que incluso metió de por medio a un amigo íntimo de Guardiola como era Figo. Ya no solo era un asunto de animadversión ni hostilidad hacia los azulgrana, sino de afirmación propia a cambio de negar al rival. Los clásicos de 2011 se convirtieron en una serie de tensión única por emocionante y extenuante: Barça-Madrid, Guardiola-Mourinho y Messi-Cristiano.. El contencioso no solo fue deportivo sino mediático, después de que Guardiola clasificara a los periodistas “amigos de Florentino” como “la central lechera”, e incluso social y política, porque en Cataluña se iniciaba el procés y no había una institución más emblemática que el Barça. La carga fue tan estruendosa como reveladora porque permitió constatar hasta dónde era capaz de llegar Mourinho y cuánto tiempo tardaría en explotar Guardiola.. El azulgrana recibió al madridista con un 5-0: “Hemos jugado el fútbol que soñábamos mostrar al mundo” afirmó eufórico. Mourinho respondió con una victoria en la final de Copa en la que demostró haber aprendido que para abatir a los azulgrana había que endurecer el partido y jugar al límite del reglamento. “La única manera de ganar era pegando, patada y patada. Tuve hasta miedo de lesionar a Leo”, confesó Di Maria. El cambio de ciclo anunciado desde el Madrid duró una semana porque el Barça se vengó en las semifinales de la Champions con un partido de ida en que la táctica de Mou quedó condicionada por la expulsión de Pepe.. Aquel encuentro sacó una versión desconocida de Guardiola, la de un técnico desafiante con Mourinho porque sabía que ahora era él quien necesitaba encontrar el punto de inflexión a través de la psicología, el arma del portugués. El entrenador catalán retó a Mou en la cancha del Bernabéu después de regalarle la sala de prensa por ser el “puto jefe, puto amo” de las previas y las resacas. El Barça ganó con dos goles de Messi y Mourinho se victimizó para defender a sus templarios: “Enhorabuena por el poder que tiene el Barça. No sé si es por llevar UNICEF en la camiseta o por el poder de Villar en la UEFA”.. El fin justifica los medios: Mourinho fue sobre todo un combatiente de la idea futbolística del Barça sublimada por Guardiola cuyo relato fue comprado oficialmente por el madridismo cuando en el Bernabéu apareció la pancarta “Mou, tu dedo nos señala el camino” después de que hubiera agredido al segundo entrenador azulgrana Tito Vilanova. Los trofeos ganados —Copa, Supercopa y la Liga de los 100 puntos— fueron un botín menor para los que le adoran por haber agotado a Guardiola hasta el extremo de empujarle a salir del Barça después de cuatro temporadas y 14 títulos (2008-2012). La idea de juego de Guardiola no se extinguió, sino que se propagó con éxito en la Bundesliga con el Bayern y en la Premier con el City. Nada tuvo que decir Mourinho, que no ha parado de dar vueltas hasta volver al Bernabéu reclamado por Florentino, ahora para intentar acabar con el éxito del Barça de Flick mientras Guardiola le ignora en pleno descanso cuando reconoce que su único rival ha sido Jürgen Klopp.
Feed MRSS-S Noticias
